Tu nombre en la cascada

27 de marzo de 2010

Algunas veces sueño con el ayer. Cuando recorríamos aquellas perdidas calles. Sin hablar mucho, conocíamos nuestros pensamientos, sin mucho expresar, nos comprendíamos.

Tiempos aquellos en que la verdad era diminuta, y la maldad algo más sencilla. Desconocíamos la mentira, desconocíamos las malas intenciones.

Éramos seres etéreos, diáfanos, no ocultábamos nada. Como una flor que da su perfume sin importar quien la desenraice, como el ave y su trino matutino, como la cascada que baña la roca… Sin importar donde fueras, eras tú, en todo tu esplendor.

Pero las reglas han cambiado.

Ya no eres tú. O ya no eres la que conocí una vez, hace años. Aquella que me saludó con su retraída sonrisa, y sus amplios ojos… Ya no eres la muchacha de mirada franca, y transparente.

Ya no eres la mujer que quise, más aún daría mi vida por ti.

Sé que has cambiado conforme lo ha exigido tu vida, y comprendo. Y aún así correría a tu lado con solo un débil llamado. Pero te desconozco. Y temo desconocerte cada día más. Ya no amas lo que antes te agradaba, ya no crees en lo que antes te sostenía. El tiempo se ha encargado de volverte mujer, mientras yo sigo en los rodeos de la infancia. ¿O es sólo que yo me resisto a cambiar y mejorar? Mientras tú aceptas las dádivas que la vida te ofrece, en ésta, tu más bella primavera.

Algunas veces evoco en sueños aquellas tardes perdidas. Lejanas ya más que tu risa. A veces escucho tu nombre en la cascada de mis recuerdos. Quizás un día ahogue tu recuerdo, y ame tu nuevo reflejo.


Mujer Desechable

19 de marzo de 2010

Perdona si te hieren mis palabras, perdona si te hiere mi actitud. Puede que te parezca inesperada, pero este soy yo, y tú no me conoces nada.
No te negaré que llegué a quererte, a pesar de lo fugaz de lo nuestro. Ahora mismo desearía tenerte junto a mí, es algo inexplicable, no lo entiendo, es que la luz de tus ojos me atrapa y tu sonrisa... Para qué hablar de tu piel de azucena y tus senos andinos.
Desde que te vi, me pareciste hermosa, creo que te lo había menciona en alguna noche tiempo atrás, cuando te quedabas toda la noche despierta preguntado sobre mi vida. Pero aún así, no querías conocerme, no te esforzaste, yo quise abrirme para ti, pero tú no te interesabas. Tú misma dijiste, amar es conocer, y cómo podrías amarme si no luchabas por conocerme. Tú nunca me amaste, yo lo sé. Yo creí amarte. Perdona, perdona si te ilusioné, te juro por mi madre que no quise hacerte daño. Yo prometí no hacerte daño. Pero fallé, siempre falló. Soy un inútil, un ser pusilánime que no merece el amor de nadie. Nunca consigo lo que quiero, yo no quise herirte. Perdona.
Y no llores, por favor, no intentes manipularme. Sabes que no puedo estar contigo, yo la quiero a ella. Ella es todo para mí. Nunca pude sacarla de mi cabeza. Pero creí que te quería, te juro que creí. Yo pensé que podríamos ser felices como tu decías... Pero mi felicidad está con ella, y la tuya, está con otro.
Eres hermosa, y lo sabes, mira como brillan las estrellas en tu rostro. Yo no te merezco.
Perdona si te duelen mis palabras. No hay otra forma de terminar con esto. Tú no me quisiste, lo sé, así que no debería dolerte. Pero sé que irás contando a todos esto. Quédate con mis amigos, puedo hacer otros. No quiero nada de ti. Aunque sé que nunca saldrás de mi corazón, siempre estarás ahí, escociendo como una herida. Nunca olvidaré este tiempo juntos, las risas, los llantos, las noches en vela, y los susurros a medianoche. Y te doy gracias, por todo lo que me has dado, y perdona por no retribuirlo. Esto fue sólo una aventura, algo fugaz y etéreo como la noche, perdona por no cuidarte. Pero uno sólo cuida lo que ama, y a ti no te amé nunca. O quizás sí, un segundo, un breve instante mientras hacíamos el amor en penumbras. No te cuidé, porque en verdad no te amaba, eras algo de paso, un envoltorio desechable. Yo te quise, pero no para siempre.
Perdona si parezco duro. Pero no te quiero hacer más daño. Yo nunca quise hacerlo.
Eres hermosa. Pero la quiero a ella. La amo, sabes, la amo más que a mi propia vida, y ella ahora me detesta. Ella me entiende, es la única que me entiende.
Ella tiene muchas cosas buenas, sabes, pero tú tienes más.

¿Me escucha?

12 de marzo de 2010


¿Hace cuanto que no te detienes a oír sus latidos?

Su pregunta me sorprendió. No lo he pensado, pensé. ¿Por qué la pregunta?, pregunté.
Es que algunos olvidan escucharlo, usted, ¿lo escucha joven?

No. Yo soy de aquellos que han olvidado oír su corazón, el ruido de a ciudad puede más, el ruido de mi conciencia inquieta, el ruido de mis ideas estrujadas. He perdido el silencio interno, he perdido la paz de mi alma. La vida es corta, es parte de mi filosofía. La vida es corta y el mundo no se detiene por nosotros; sin piedad, sin detenciones.Todo fluye como un río sin estación estival. Todo gira como la Tierra sobre su eje. Todos avanzamos sin pensar en el otro. Todos nos centramos en nuestras propias quejas. ¿Por qué habría de detenerme yo? ¿Por qué tendría que pensar en los otros? ¿Por qué tendría que oír a otros?
Sin darme cuenta he caído en la vorágine de la rutina, aquella que consume hasta lo más sublime de nuestras vidas, aquella que disipa la luz de nuestras mentes, aquella que nos ciega, nos envuelve, y nos ensordece . Sin darme cuenta he extraviado lo más preciado para un hombre: la capacidad de oírse a sí mismo.







Divas

8 de marzo de 2010

Eres como el sol. Más brillante que la luna. Inalcanzable como el mismo cielo.
Eres como una flor, delicada y perfumada. Bella como un atardecer de primavera.
Eres como un sueño, etérea e irreal. Capaz de todo, capaz de recrear el universo.
Eres como una ave, libre libre como una ave. Sin cadenas, sin ataduras, sólo tus pies y tus manos bastan para echar a andar.
Eres como un libro, llena de magia y sabiduría. Eres un mundo distante y desconocido, un mundo lleno de esperanza y vida.
Eres como una diosa, creadora y piadosa. Con tus manos levantas mundos, y en tu vientre gestas milagros.
Eres una diva, es una lástima que a veces lo olvides...






Amante de ninfas

3 de marzo de 2010



Amante de las ninfa de vino y miel,
hijo perdido del sol y la luna,
hombre de sal y barro
que hierves en agua dulce y susurrante...
¿Has pensado alguna vez en un tus hijos?
Aquellos diseminados por el mar como blanca espuma,
aquellos que pueblan los campos como las estrellas el cielo,
y que cruzan los aires como gorriones perdidos.
Aquellos frutos de tu simiente,
de cielo quebrado y pocas expectativas,
que hurgan la tierra, y purgan sus males con ceniza;
que creen que el sol es la vida, y la luna la muerte;
aquellos hijos tuyos ya no pierden la esperanza,
porque ya nacen sin ella.
¿Has pensado en ellos, amante de las ninfas profanas?
¿O aún te dedicas a surcar el océano de sirenas envejecidas por el odio?
Recuerda a tus hijos, hijo de la vida, recuerda que necesitan tu mano y tu guía,
recuerda que cuando tú buscaste a tu padre te cerró la puerta.
No cometas el mismo error amante de las ninfas, y dale la luz que piden tus hijos.

Despertar

Caminaba por una tupida arboleda teñida de arrebol. Buscaba a alguien; y ese alguien me necesitaba con urgencia. Podía sentirlo, mi piel se erizaba.
Comencé una carrera desenfrenada, mis pies más ágiles que nunca. Oí un grito visceral, desesperado.
La tierra se desmoronaba bajo mis pies. Otro grito, e intenté acelerar mi carrera mientras la tierra se abría devorando mis huellas.
Todo se estremecía.
Otro grito aún más profundo.
la oscuridad se mezclaba con el atardecer, las imágenes superpuestas, la sensación de correr sin avanzar, todo se mezclaba, todo se confundía. Todo se estremecía. Mi madre gritaba sin control. ¿Era ella por quién corría? Una extraña fuerza me consumía. Mi primer impulso fue levantarme, pero la extraña fuerza me regreso a mi cama. Tomé el celular, y con mayor ímpetu que en el primer intento, logré llegar a mi puerta. El resplandor añil del celular me guiaba. Sin zapatos, el piso húmedo bajo mis pies, ¿dónde estaban las hojas secas por las cuales corría?
Me apegué a la muralla, atraída por un interminable vaivén.
Intenté concentrarme. ¿Qué sucede? ¿Por qué está oscuro? Algo frío cayó sobre mi rostro. Aún me parecía ver los álamos ondulantes. El piso húmedo, algo en frío en mi rostro. Vaivenes. ¿Llovía? ¿Es el viento el que no me deja estar en pie?
Abrí la puerta principal, y me aferré con fuerza. Me sujete al tronco de aquel árbol imaginario. ¿Qué sucede? Mi mamá gritaba, y corría.
Concéntrate. Piensa. Muévete. Mantente en pie. Haz algo, haz algo. ¿Qué sucede?
¿Llueve?¿Por qué corres mamá?
¿Por qué no dejo de moverme? ¿y los árboles? ¿dónde están? ¿qué sucede?
Tiembla, eso sucede. Tiembla, y tú pareces idiota parada en la puerta con los ojos fijos, fue la respuesta.