Mi Canto

28 de diciembre de 2010


Yo no quiero ser poeta,
ni quiero mi nombre elevar.
Quiero marchar con el pueblo,
contra el régimen protestar.

Canto por los que vinieron,
canto por los que vendrán.

El pueblo olvida fácil,
memoria y techo de cristal.
El pueblo se vuelve ciego,
cuando ve una estrella brillar.

Canto por los caídos,
canto por los que caerán,
canto por los reprimidos,
canto por los que cantarán.

No quiero cantar tragedias,
quiero gloria y epopeyas,
pero el jilguero sin alas
nunca podrá volar.

Canto por los que vinieron,
canto por los que vendrán.
Canto por los que luchan,
por vivir, comer y soñar.

Reflexus IV

13 de diciembre de 2010

Y llegó el día en que nada más se puede esperar. Hasta la copa más vasta tiene un borde que rebasa el vino añejo.
Beber gota a gota es la solución, o al menos dejar caer el contenido.
No quedará botella en pie luego de la batalla, será un triste paisaje exequial. Cristales rotos, cuyo brillo se pierde bajo las luces de la aurora. Me levanto y espero junto al umbral; la resaca del ayer aún pesa sobre mi frente.
Espero, espero, aún cuando no debo esperar.
Tomo mi copa vacía y la vuelvo a llenar, otros aterciopelados mancharan mis labios; mientras, buscaré otros caminos.
Hubo una vez, un lugar, una tierra en que los árboles crecían más altos, tan altos como los sueños de aquellos que se posaban a su sombra y veían pasar las estaciones en silencio.
Una tierra, cuyos frutos eran más dulces que cualquier otro, más grandes y aterciopelados. La miel de la vida se concentraba entre las manos de quien la bebía.
Los tréboles más verdes, el cielo más limpio. Flores más perfumadas, horas más tranquilas.

Un día me pregunté que tenía ese lugar, que lo diferenciaba tanto del resto. El hombre me tendió sus ásperas manos, mientras hablaba del asufre y los sarmientos con los ojos llenos de ilusiones.
Esa era la diferencia, el amor del hombre por la tierra que araba y cuidaba, que le daba el sustento a él y su familia, que permitía que los sueños se elevaran más alto que los mismos árboles...
Yo vine de esa tierra, y ahora me despido por adelantado del hombre que me enseñó a amar la tierra y agradecer lo que se aprende cada día. Me despido, y en silencio, como si aún viera pasar las estaciones a la sombra de los árboles.