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Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía

El fin del capítulo

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Es el fin. La última página de este largo capítulo. Se deshoja en tre mis manos. Me envuelve su perfume, huele a tinta, a incienso, a canela. Lo dejo sobre la mesa y recorro con mis dedos mustios sus bordes, sus límites. Observo con detención hasta donde he llegado. Me sorprende, el camino es más largo y más estrecho de lo que creí. ¿Por qué no caí al abismo, si sólo bastaba un paso en falso? Me pregunto tantas cosas. Tantas huellas. Tantos rostros. Tantas manos. Nunca estuve sola, recién caigo en razón. Rostros amables, sonrisas vacuas, miradas soñadoras. Tantas personas cuya voz jamás podré olvidar. Me observo en el espejo. Cómo he cambiado. Mi sonr isa, mi mirada, mi vientre. Me observo en el espejo, disto mucho de aquella que arribó hace un año a esta luminosa ciudad. Mis sueños, mis metas, mis emociones, mis sencaciones, tanto he cambiado, mas no la facilidad de mi risa ni la luz de mis ojos. Soy otra, pero sigo siendo la misma. Soy otra, y seguiré cambiando, seguiré creciendo. S...

Yo no vivo, sólo existo

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Yo no me callo, sólo descanso mi voz. Yo no desconfío, sólo cuido lo que amo. Yo no temo, sólo dudo del que promete. Yo no busco, sólo encuentro. Yo no escucho, sólo dejo que la brisa traiga sus melodías a mí. Yo no respiro, sólo dejo que la vida me sorprenda. Yo no lloro, sólo convierto mis ojos en océanos de sal. Yo no sueño, sólo espero que las estrellas cambien de arte. Yo no sonrío, sólo dejo que las emociones jueguen con expresión. Yo no camino, ni siquiera me muevo, sólo dejo que mi sangre recorra mis venas y mi corazón palpite sin cesar. Yo no me pierdo, sólo busco otros rumbos, Y si no regreso, es sólo porque ya no voy por el mismo camino. Yo no vivo, sólo existo...

Poesía

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A veces habla ella en verso como si el mundo un poema fuera y el amor sólo fuese rima o el mundo una eterna espera. El día lo vive en estrofas ocaso, aurora, mediodía; la noche la sueña en anáforas, como si el mundo exhalara poesía.

La Maldición del Poeta

A dos pasos de ella estaba nuevamente; en cualquier momento se volvería y la tendría frente a sí. Por fin podría revelarle su secreto: él era su ferviente admirador; el que cada día le hacía llegar versos inspirados en su beldad e inocencia, su anónimo poeta... La chica se volteó y le sonrió indiferente; continuó su camino... Como todos los días el joven poeta la dejó ir; sin atreverse a más que dejar los versos matutinos junto al bolso de la joven. Como todos los días la maldición hizo de las suyas: las palabras no acudieron cuando fueron requeridas, hasta el momento de componer los versos para el día siguiente...