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Laguna mental

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No digo tu nombre, pues tú lo conoces mejor que yo... Ayer vi tu doble. Quizás tu alma en pena. Y cuando lo tuve frente a mí, me alegré de que no fueras tú realmente. No es que tema estrellarme contigo en algún rincón de esta gris ciudad, o en los recovecos de un bar ahogado por el humo de la miseria. Es sólo que me quedé con el pecho vacío de tanto correr lo más lejos que podían llevarme mis pies, lo más lejos posible de ti. Temí quedarme adosada a tu pecho y no poder respirar más que tu aire... El otro día desperté abrazada a una espalda desnuda, y me pregunté si esa habría de ser tu espalda desnuda, de haber pasado aquella contigo. Siempre me pregunto esas cosas, no es que añore lo que nunca fue; es sólo que las palabras no dichas quedan sueltas y oscilantes en la sima de mi alma. Cosas así son las que me despiertan a media noche y me obligan a buscar papel y pluma, pluma exangüe y moribunda, pero pluma después de todo. Pensamientos que abruman las entrañas, y escocen como sal en la...

Noches vacías

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El silencio nocturno, el más duro de todos. La soledad la rodeaba, la oscuridad la consumía. Una débil chispa de vida en medio de la cama, y el humo del tabaco ascendía al cielo como un espíritu errante... Envuelta en las sábanas, consumía uno tras otro un paquete de cigarillos, el segundo del día. Cause I love you, yes, I love you... Las horas se volvían cenizas. El día entero cupo en el cenicero. La vida entera no era más que humo y cenizas... Una mañana, café negro y soledad. Una tarde, tabaco y soledad. Una noche, alcohol y más soledad. La casa era tan grande una vez que los invitados marcharon. Los muros tan fríos. El lecho se ampliaba cada vez que lo recordaba, cada vez que evocaba su perfume. Su aroma, aún recordaba la primera vez que se lo obsequió. Y el humo no llenaba su vacío. Ni el vacío del lecho, ni la sima de su pecho. Some hand in hand... ¿Cómo alguien que ya no está, sigue tan presente? ¿Cómo el vacío se expande en la noche? Y el tiempo se congel...

Café amargo

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Tus ojos ya no pueden mentirme. Son como tazas de café entre mis manos. Café un tanto amargo, debo decirlo. Parecido más bien a a los restos del buen café. Pues eso eres, o en eso te has convertido. Una vez explotados tus encantos, ya no mereces mi atención. Es una pena que te desgastes tan rápido. Una mujer bella como tú, merece alguien como yo. Pero no me mereces. Tus ojos son como el café de la mañana, que despierta, que alerta, que encausa los sentidos hacia un nuevo día, y tu piel, la leche que lo suaviza. Pero el café cansa, así como tus besos y tu voz, el cuerpo se vuelve tolerante y ya no te excita lo mismo que antes. Tú eres como el café, ya no tienes los mismos efectos de otrora. Quizás algún día cambies. No sé, tal vez un nuevo sabor, o más espuma. Por mientras eres, y no serás más que un resto de café amargo en mis labios resecos.

Tu nombre en la cascada

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Algunas veces sueño con el ayer. Cuando recorríamos aquellas perdidas calles. Sin hablar mucho, conocíamos nuestros pensamientos, sin mucho expresar, nos comprendíamos. Tiempos aquellos en que la verdad era diminuta, y la maldad algo más sencilla. Desconocíamos la mentira, desconocíamos las malas intenciones. Éramos seres etéreos, diáfanos, no ocu ltábamos nada. Como una flor que da su perfume sin importar quien la desenraice, como el ave y su trino matutino, como la cascada que baña la roca… Sin importar donde fueras, eras tú, en todo tu esplendor. Pero las reglas han cambiado. Ya no eres tú. O ya no eres la que cono cí una vez, hace años. Aquella que me saludó con su retraída sonrisa, y sus amplios ojos… Ya no eres la muchacha de mirada franca, y transparente. Ya no eres la mujer que quise, más aún daría mi vida por ti. Sé que has cambiado conforme lo ha exigido tu vida, y comprendo. Y aún así correría a tu lado con solo un débil llamado. Pero te desconozco. Y temo descon...

Culpables

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Ya no llevo la cuenta, habría de ser una pérdida de tiempo enorme el contar cada uno de nuestros errores. Tú me acusas de no esforzarme, yo te culpo por no cooperar. Son tantos los dardos que nos lanzamos mutuamente que ninguno se esfuerza ya por protegerse, y ninguno coopera en busca de la paz. No hay paz, sólo frágiles treguas entre dos desconocidos que se conocen desde hace años. Irónica es esta vida, un día creí conocerte tanto, hoy comprendo que sólo amé una gota de agua en el mar de tus engaños. No te culpo, jamás terminamos de conocer a las personas, incluidas aquellas que amamos. No me culpes, una mujer jamás debe perder su misterio. O quizás nos conocimos demasiado... Quizás nos agotamos el uno del otro, la rutina nos consumió, e inmersos en nuestro egoísmo no supimos ayudarnos mutuamente. O quizás nos amamos demasiado, y la llama se consumió presurosa dejándonos a ciegas en nuestro cuarto sin ventanas. Si pudiera retroceder el tiempo, lo detendría hace mucho. Si fuera la rein...

El fin del capítulo

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Es el fin. La última página de este largo capítulo. Se deshoja en tre mis manos. Me envuelve su perfume, huele a tinta, a incienso, a canela. Lo dejo sobre la mesa y recorro con mis dedos mustios sus bordes, sus límites. Observo con detención hasta donde he llegado. Me sorprende, el camino es más largo y más estrecho de lo que creí. ¿Por qué no caí al abismo, si sólo bastaba un paso en falso? Me pregunto tantas cosas. Tantas huellas. Tantos rostros. Tantas manos. Nunca estuve sola, recién caigo en razón. Rostros amables, sonrisas vacuas, miradas soñadoras. Tantas personas cuya voz jamás podré olvidar. Me observo en el espejo. Cómo he cambiado. Mi sonr isa, mi mirada, mi vientre. Me observo en el espejo, disto mucho de aquella que arribó hace un año a esta luminosa ciudad. Mis sueños, mis metas, mis emociones, mis sencaciones, tanto he cambiado, mas no la facilidad de mi risa ni la luz de mis ojos. Soy otra, pero sigo siendo la misma. Soy otra, y seguiré cambiando, seguiré creciendo. S...

La hora del té

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Hay una hora de temer. La hora en que Cronos bebe su té. Yo espero en silencio, cuento los segundos y espero. Cuento las campanadas y suspiro. Cuento las vibraciones y tiemblo. El tiempo se acerca; con sus muchos nombres, con sus muchos rostros. Se acerca, flota sobre el agua. Es la hora del té, y yo no estoy lista. Ya es hora y el agua aún no hierve, la porcelana aún no se seca, el mantel aún no se extiende. Los bocadillos están servidos, horneados en la memoria de aquellos que pretenden olvidar. El mantel debe ser inmaculado, como el corazón de un inocente. El té debe tener tres se azúcar, como tres astros el cinturón de Orión. Ya es la hora, y aún falta Tiempo… Es la hora, pero no llega. Yo siempre temo a la hora del té, pues si mi invitado no aparece siento que he perdido el Tiempo…

A orillas del camino, espero

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La tierra es sucia porque nadie la quiere. El desierto es seco por esencia. Las idas son tristes porque dejan a alguien atrás. Los hombres somos débiles por ser hombres. El sol ilumina porque no puede apagarse. Las lágrimas son de sal porque secan un mar de sueños. Yo sigo aquí porque no tengo adónde ir. Como un ángel de alas rotas, como una sirena desterrada que entona letanías al viento, como el árbol que florece en primavera y deshoja en otoño. Continúo a orillas del camino, esperando recordar el porqué sigo aquí. Respiro porque no puedo detener mi corazón. Suspiro porque no tengo nada que extrañar. El cielo se resquebraja sobre mi cabeza, y sólo tengo mis manos para protegerme. La hierba crece y sólo tengo mis ojos para buscar el difuso camino. Soy un caminante frustrado, un caminante jamás ha de extraviarse, y yo me perdí en la pradera de tus ojos. Cansado y perdido, busco el camino de regreso, pero la hierba crece y me atrapa en el verde abrazo de la locur...

Confianza

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"Y de que me sirve creerle al mundo y confiar en él si al final termino destapando la verdad y teniendo la razón?" Hay días en que pienso lo mismo, pero a veces es mejor confiar... entre tener y no tener... Es preferible no tener que tener falsedad en tus manos. Depende. Las mentiras pueden durar mucho tiempo, y mientras tanto podemos mantenernos indemnes... Pero cuando se es víctima de una mentira podemos cerrar los ojos y tomarla por verdad hasta que se consuma por completo. Recuerda que todo cae por su propio peso, y el que os mienta, por sus mentiras otro le devolverá la mano... Providencia, Fortuna, Némesis, llámale como quieras, pero todo tiene su justo precio y eso se debe pagar. No debemos temer confiar, aunque seguros estemos de ser engañados. Debemos temer el temer confiar, pues cuando el miedo se apodere de vosotros, tu alma se habrá de secar… y en ti nadie va a confiar. Aun así, yo siempre confiaría en ti :)

Sueña

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Una noche soñé que todos huían de mí, que todos mis sueños se evanecían como el licor que corre por tus venas. Entonces me di cuenta que era un estupidez, pues yo no tenía sueños. De niña deseaba cosas, cosas que se perdían en los rincones de los espejos rotos. Nunca encontré un motivo para prestarles mayor atención, así como nacían en mi mente, desaparecían en las efímeras apariencias del día. No tenía motivos tampoco para seguirlos tampoco, mis padres siempre me decían que yo podría hacer todo lo que quisiera, entonces, ¿para qué soñar lo que sería de todos modos? Y así crecí, o pretendí crecer. Creyendo que todo era posible, que bastaba extender mi mano y alcanzar lo que añoraba. Pero no deseaba nada, inapetente de metas y afectos, mi corazón se fue helando. El invierno se asentó en mí. Y luego vino la primavera. Y creí hallar mi sino. Y mi corazón volvió a latir. Con el tiempo comprendí que era cierto: podía hacer lo que deseara, el problema surgió cuando se me negó lo ...