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Mostrando las entradas con la etiqueta Rutina

¿Me escucha?

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¿ Hace cuanto que no te detienes a oír sus latidos? Su pregunta me sorprendió. No lo he pensado, pensé. ¿Por qué la pregunta?, pregunté. Es que algunos olvidan escucharlo, usted, ¿lo escucha joven? No. Yo soy de aquellos que han olvidado oír su corazón, el ruido de a ciudad puede más, el ruido de mi conciencia inquieta, el ruido de mis ideas estrujadas. He perdido el silencio interno, he perdido la paz de mi alma. La vida es corta, es parte de mi filosofía. La vida es corta y el mundo no se detiene por nosotros; sin piedad, sin detenciones.Todo fluye como un río sin estación estival. Todo gira como la Tierra sobre su eje. Todos avanzamos sin pensar en el otro. Todos nos centramos en nuestras propias quejas. ¿Por qué habría de detenerme yo? ¿Por qué tendría que pensar en los otros? ¿Por qué tendría que oír a otros? Sin darme cuenta he caído en la vorágine de la rutina, aquella que consume hasta lo más sublime de nuestras vidas, aquella que disipa la luz de nuestras mentes, aquella que n...

Culpables

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Ya no llevo la cuenta, habría de ser una pérdida de tiempo enorme el contar cada uno de nuestros errores. Tú me acusas de no esforzarme, yo te culpo por no cooperar. Son tantos los dardos que nos lanzamos mutuamente que ninguno se esfuerza ya por protegerse, y ninguno coopera en busca de la paz. No hay paz, sólo frágiles treguas entre dos desconocidos que se conocen desde hace años. Irónica es esta vida, un día creí conocerte tanto, hoy comprendo que sólo amé una gota de agua en el mar de tus engaños. No te culpo, jamás terminamos de conocer a las personas, incluidas aquellas que amamos. No me culpes, una mujer jamás debe perder su misterio. O quizás nos conocimos demasiado... Quizás nos agotamos el uno del otro, la rutina nos consumió, e inmersos en nuestro egoísmo no supimos ayudarnos mutuamente. O quizás nos amamos demasiado, y la llama se consumió presurosa dejándonos a ciegas en nuestro cuarto sin ventanas. Si pudiera retroceder el tiempo, lo detendría hace mucho. Si fuera la rein...

Ciego

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No quiere sufrir, no quiere sentir. Se sienta y espera. Se sienta y observa. Tiene los ojos vendados, y entre sombras se pregunta ¿por qué no han tocado mi puerta, por qué la primavera aún no ha llegado?

El fin del capítulo

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Es el fin. La última página de este largo capítulo. Se deshoja en tre mis manos. Me envuelve su perfume, huele a tinta, a incienso, a canela. Lo dejo sobre la mesa y recorro con mis dedos mustios sus bordes, sus límites. Observo con detención hasta donde he llegado. Me sorprende, el camino es más largo y más estrecho de lo que creí. ¿Por qué no caí al abismo, si sólo bastaba un paso en falso? Me pregunto tantas cosas. Tantas huellas. Tantos rostros. Tantas manos. Nunca estuve sola, recién caigo en razón. Rostros amables, sonrisas vacuas, miradas soñadoras. Tantas personas cuya voz jamás podré olvidar. Me observo en el espejo. Cómo he cambiado. Mi sonr isa, mi mirada, mi vientre. Me observo en el espejo, disto mucho de aquella que arribó hace un año a esta luminosa ciudad. Mis sueños, mis metas, mis emociones, mis sencaciones, tanto he cambiado, mas no la facilidad de mi risa ni la luz de mis ojos. Soy otra, pero sigo siendo la misma. Soy otra, y seguiré cambiando, seguiré creciendo. S...

Voy vuelvo

Voy y vuelvo decía su abuelo. Voy y vuelvo dijo una vez. Vamos, vamos. Que lo demás esperen sentados, y yo ya me cansé de esperar.

Hermoso día para morir

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A Tamara y Nathalia, dos de mis musas predilectas. Aquel día todo parecía perfecto. El cielo más azul que siempre. El perfume de las flores más dulce. El verde de sus ojos más vivo. Todas las cuentas saldadas. Todos los rostros alegres. Todas las sábanas limpias. Un día perfecto. Un día perfecto para morir. Y decidió vivir aquel día como el último. Y el siguiente. Y todos los que estaban por amanecer. Después de todo, todos los días podían ser perfectos para alguien, asi como cada día podía ser el último.

Epistaxis

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Mis ideas huyen de mí. Hemorragia de ideas. No las puedo contener, fluyen, fluyen en una vertiente de ideas rotas. Corren como niños en la pradera, como las aves cruzan el cielo al atardecer. Más que ideas parecen insectos, que revolotean y fastidian dentro de mi cabeza, que se alzan al cielo y regresan a la execrable tierra que todos vapulean. Más que ideas son heridas que no cicatrizan y sólo escuecen, por nunca llevarlas a buen puerto. Más que ideas son brasas. Queman. Arden. Abrasan. Se extinguen, y convertida en cenizas la hoguera que alimentaron se pierden en el viento. Polvo de eternidad. Y el polvo cae en mis ojos, como la arena que se enamora del viento y decide juguetear con él, y va a dar a los ojos de los caminantes de crepúsculos. Y ahora mis ojos sangran. Hemorragia de ideas. Ellas fluyen, huyen como si temieran perderse en el calabozo de mi mente. ¡No huyan! Son libres, pero no huyan. Jamás he convocado cancerbero a su puerta. Jamás he encadenado recuerdo a...

Silenciadas voces, olvidados rostros

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Acalladas voces del infinito. Cercenadas por las espadas de la razón. Devastadas. Mutiladas. Ajusticiadas. Víctimas de la incomprensión y de la mediocridad. Rostros perdidos en el olvido, entre los pasadizos del infinito. Espectros que surcarán los rostros de aquellos que pudieron evitar su desgracia, como una seña, una marca de su inri, una señal de su desidia e ignorancia. Las voces perdidas de aquellos que se atrevieron a soñar, a reír, a sentir, a vivir… negándose a sobrevivir, a respirar por seguir sobreviviendo, a caminar hacia un rumbo fijado por otros, a silenciar la voz de su conciencia. Y son aquellas voces acalladas, de aquellas conciencias adargadas en lo más profundo de cada ser, las que se escuchan cada noche y se confunden con la dulce melodía de los astros, que observan silentes como sus hermanos menores se devoran unos a otros, se humillan unos a otros, y se silencian unos a otros, alzando tenuemente la voz, cuando ya es tarde… Y son aquellos rostros olvidados, de aque...