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Santiago

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Amo el Santiago que se apaga; que se adormece en el hombro de otro, sin importarle no conocer su nombre. Amo el Santiago cansado, aquel que se esfuerza por devorar las últimas páginas del libro antes de llegar a destino. Ese Santiago de paso lento, que sólo le importa llegar, dejando a un lado los tacos, la hora punta, la gente ávida de tiempo que avanza inmutable como una masa compacta. Amo aquel Santiago condescendiente, que se sorprende y conmueve al ver alguna trágica noticia en televisión, para luego ir a dormir dominado por el agotamiento. Amo aquel Santiago que duerme con los ojos abiertos y siempre soñando; y a sus amantes, que a medianoche se juran amor eterno y unen sus cuerpos en la penumbra. Amo el Santiago que bosteza y se estira por las mañanas. Pero ese ya es otro Santiago.

Poesía

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A veces habla ella en verso como si el mundo un poema fuera y el amor sólo fuese rima o el mundo una eterna espera. El día lo vive en estrofas ocaso, aurora, mediodía; la noche la sueña en anáforas, como si el mundo exhalara poesía.

Sueña

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Una noche soñé que todos huían de mí, que todos mis sueños se evanecían como el licor que corre por tus venas. Entonces me di cuenta que era un estupidez, pues yo no tenía sueños. De niña deseaba cosas, cosas que se perdían en los rincones de los espejos rotos. Nunca encontré un motivo para prestarles mayor atención, así como nacían en mi mente, desaparecían en las efímeras apariencias del día. No tenía motivos tampoco para seguirlos tampoco, mis padres siempre me decían que yo podría hacer todo lo que quisiera, entonces, ¿para qué soñar lo que sería de todos modos? Y así crecí, o pretendí crecer. Creyendo que todo era posible, que bastaba extender mi mano y alcanzar lo que añoraba. Pero no deseaba nada, inapetente de metas y afectos, mi corazón se fue helando. El invierno se asentó en mí. Y luego vino la primavera. Y creí hallar mi sino. Y mi corazón volvió a latir. Con el tiempo comprendí que era cierto: podía hacer lo que deseara, el problema surgió cuando se me negó lo ...

Lo Inefable

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Yo muero extrañamente…No me mata la Vida, no me mata la Muerte, no me mata el Amor; muero de un pensamiento mudo como una herida… ¿No habéis sentido nunca el extraño dolor de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida, devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor? ¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?… Cumbre de los Martirios!… Llevar eternamente, desgarradora y árida, la trágica simiente clavada en las entrañas como un diente feroz!… Pero arrancarla un día en una flor que abriera milagrosa, inviolable!… Ah, más grande no fuera tener entre las manos la cabeza de Dios! Por Delmira Agustini

Nuevo día

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Aquella mañana abrió los ojos pensando “me queda un día más”. Se levantó con todas las ilusiones de disfrutar al máximo la oportunidad de ver el sol nuevamente. Pero al salir todo estaba oscuro. El sol se había consumido entre negras nubes. Así como las almas de los hombres se consumen en el egoísmo y la ambición, pecados de los cuales ella estaba limpia. Ella era la única que podía aún podía observar en qué habían convertido su cálido mundo.

Tu maleficio

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El cielo se iluminará esta noche por ti. Y hasta la luna envidiará tu existencia. Yo te envidio, a veces. Cuando observo la libertad que rige tu vida. Nada de trabas, sin cadenas. Exhalas libertad, yo exhalo agonía. Hay momentos en que te siento tan distante, como si vinieras de tierras lejanas, desconocidas incluso por la mente más elevada. Como si vinieras de otra época… Mi extemporáneo. Mi adorado extemporáneo. ¿Eres un hechicero acaso? Que has obcecado mis sentidos, y sólo veo tu figura danzar entre los astros, y en mis sueños te apareces y te sumerges en mi pecho. Aún me pregunto qué me atrajo a ti. Quizás me lo pregunte por siempre. Siempre. Más preguntas que respuestas; y tú, esquivo, nunca quieres poner fin a mis dudas. Una vez leí que el secreto de para aburrir a los demás, era contar todo. Pero yo quiero saber todo de ti. Aunque escosa. Aunque abrase. Aunque desintegre mis ilusiones, siempre he de preferir la honestidad y la verdad, tu verdad. Porque tu verdad ahora...

Hijos Argentados

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La luna, que es el capricho mismo, se asomó por la ventana mientras dormías en la cuna, y se dijo "Esa criatura me agrada". Baudelaire Mil noches podrían pasar antes de volver a distinguir la sombra de aquella dama en mi mente. Ah, maldigo aquella noche clara, en que la luna me hizo su hija. Un infierno de plata hizo mi vida, un argentado martirio. Los caminos torcidos se enderezaron y los rectos se torcieron, como si mi mente fuera invadida por los diablos azules. Las noches eran eternas al compás de su luz, y los días azarosos sin su divina presencia. Recuerdo la primera vez que leí a Baudelaire. Mil noches antes de que la dama se apoyara sobre mi hombro. Y sus sombríos pensamientos llenaron de ensueños mi ilusa mente. Ilusa. Ilusa. Cada día menos ilusa. Menos ilusa claro, pues ya poco queda por sorprenderme. ¿Algún día podré volver atrás y recuperar lo perdido? Maldita inocencia que se evanece como el rocío por la mañana. Antes de comenzar a apreciarlo, ya no puedes goza...