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Voz y poeta

No tenía su vuelo, pero hizo de aquella pluma caída la fuente de todas sus creaciones. Nunca fue albatros, conformóse  con ver como los demás alzaban el vuelo, como otros surcaban el cielo. Él, en tierra firme se mantuvo, oyendo las olas y bebiendo la sal del viento. Pero su vida fue más próspera que si alto su vuelo hubiese alzado. Su pluma recorrió lugares más lejanos que el horizonte, y su voz colmó más senos que playas. Su pluma se convirtió en el canto de muchos, y la tinta con que dibujó la vertiente de miles de descontentos. Sin ser poeta se convirtió en la voz de un pueblo.

Nuevo Día

Del cielo caía como lluvia, y de la tierra brotaba como la hierba. Eran los tiempos del olvido, donde los viejos dioses eran losas frías y nuevos colores daban respuesta a los desconsolados. La esperanza y la inocencia se transaban a bajos costos, como si la moral humana tuviesen precio. Las auroras eran grises y el crepúsculo se matizaba con  el eterno fulgor de la ciudad. Sin días ni noches. Relojes que contaban horas infinitas, esperando un manto oscuro devorado por el avance de del Nuevo Día. Cuando anunciaron el Nuevo Día, como la buena nueva de la iglesia del descontento y la fugacidad, todos se arrodillaron ante el alzamiento del Nuevo Hombre. El Nuevo Hombre entró en cada hogar y en cada escuela, portando la luz eterna del Nuevo Día, del esplendor perpetuo, dejando atrás aquellas noches de temor y dolor que azotaron la humanidad desde sus inicios. Era esperanza, era la respuesta a las súplicas de miles de castigados por el oscuro lado de la vi...

Mala Madre II

Se echó en la cama y recogió entre las frías sábanas. La noche se hacía más larga inmersa en la eterna espera. Pero nunca tan dolorosa como las tardes inciertas de antaño, en que el futuro se veía tan difuso como los latidos que portaba en su vientre. Tomó la cajetilla que estaba sobre la mesa y la lanzó al basurero, debía cuidarse. Esta vez lo haría. Atrás habían quedado las noches eternas, la bohemia y la esperanza. Esas noches dieron paso a los días grises e irreconocibles unos de otros. Cuando la facultad fue un recuerdo, una tímida excusa para volver al pasado, ya no quedaba mucho por recordar. Como quien vacía sus cajones de la infancia, donde colores y aromas se mezclan entre dibujos y recortes, entre ilusiones y añoranzas, ella decidió dejar atrás toda confusión, conservar la sonrisa sumisa de su madre y las palabras de su padre, y fingir ser la doncella perfecta que ya se cansó de esperar en la torre. Quiso recordar, sentir un y otra vez aquella extraña emoción del ...
Su aguas pútridas no minarán nuestras raíces. Sus gases tóxicos no asfixiarán nuestras altas ramas. Sus lenguas como hachas no son amenaza; la corteza puede ceder, pero el corazón se arrecia con cada embestida. Uno, árbol amenazado, indefenso ante realidad inofensa. Juntos, un bosque infranqueable que mira de frente al sol. Y en lo alto las manos enramadas, se alzan buscando luz y calor. Y bajo tierra principios ancestrales, las raíces hondas que llenan de savia nuestras venas, como ira contenida, como miles de voces clamando justicia, llevan a lo alto la sublime esperanza de encontrar la libertad... Podrían por mil años tratar de nuestros principios arrancar, y eso mil años sobre las mismas ideas nuestras construir futuro. Y podrían mil incendios provocar y nunca quemar nuestras ramas. La conciencia de un pueblo no se hace humo, ni su historia, ni su memoria... Y aunque con todo lograsen arrasar, de entre cenizas la semilla siempre renacerá.

El temblor

Camino por Marcoleta. Me detengo en Portugal. Luz roja. Una mujer me observa detenidamente. Veo un guanaco pasar frente a mí. Las piedras en mi mochila, comienzan a temblar.

Mala Madre I

Mierda, estoy embarazada . Recordó años después Abigail mientras sostenía en su mano la cajita blanca a la espera de la aparición de la crucecita roja. Treinta años y revivía aquel cosquilleo insensato, aquella duda que corroe entrañas y mueve mundos de ilusión. Sentada en el borde de la tina, con los pantalones a los talones, no atinaba a quitar su vista abstraía del objeto que aprisionaba entre sus manos.Su ciclo alterado, y una condición similar a la hiperestesia que la aquejaba hacía unas semanas, la hicieron dudar de su estado. Alejandro estaba de viaje. Últimamente parecía más distante, quizás eran sus divagaciones lo que lo mantenía a distancia, o el constante ir y venir rutinario. Él era un hombre de cambios y aventuras, para nada sedentario y menos asentado. De mirada montaraz, y manos en fuga. Con una sonrisa supo que podría obtener de él algo más que una simple mirada. Lo conoció en aquellos días de alcohol y bohemia, cuando iba con Paulo al colectivo literario ese, cer...
Cuidado con las palabras, son las únicas que mienten. Cuidado con los hombres que aprendieron a hablar. Cuidado con las lenguas que dejaron atrás dulces placeres, para sólo probar nuevas amarguras. Cuidado con eso que quieres decir, no muerdas tu lengua, recuerda que sólo ella sabe mentir.