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Apuestas

No me conformo y lo grito al viento. No quiero conocer los resultados. Mucho de lo que tengo son los restos de otras vidas que visité por curiosidad, por temor, por amor. Poco de lo que traigo perdura en mi vida. Creo que lo que llevo entre manos me lo busqué; porque si me dejo convencer que fue el destino, ya estaría de rodillas y con la nuca al descubierto. Creo también que tengo una buena mano, esta vez las cartas son mías; sin fingir que aprendo a jugar, puedo apostar sin temores. Y apuesto. Gane o pierda. Aunque yo gane. Corro, sonrío, me sincero. Miro a los ojos y pido imposibles; con lágrimas borro y limpio. Me dormí sobre la cama, sobre el pecho, sobre la ilusión de no ser observada, de no ser descubierta. Espero mañana no recordar lo que hoy te dije, espero que mañana no recuerdes tus propias palabras. Te observo, sonrío. Me observas, me sonríes, y me pierdo. Me duermo y sueño, despierto y sueño. Te sueño. Te tomo y te sigo soñando. Te abrazo y sigo creyendo que todo...
A veces deseo saber más de ti. Entonces recuerdo quien eres, y quiero olvidar hasta tu nombre.

Miedo

No es que quiera alardear, pero él y yo tenemos algo que lleva su tiempo; y es que la vida me enseñó que sin él yo no vivo. Y él me enseñó cómo vivir la vida. No podría huir lejos, aunque lo intentara. Él anda más rápido, y tiene más amigos. Yo, yo solo soy una triste reprimida, igual al resto, una perdida más. Sin duda el error fue no haberlo dejado ante la primera bofetada; sin ayuda y sin amigos, poco puedes hacer, además de aferrarte a lo que tienes, cerrar los ojos y prometerte que todo estará bien. Sin olvidar que siempre debes creerle todo. Y así fue cono él y yo, nos volvimos uno. Nunca imaginé que lo diría al mundo; pero él y yo, somo el uno para el otro. O al menos yo, ya me acostumbré a ser para él.

Aborto

Me paro sobre esas seis letras que duelen como llagas. Que sangran y rugen bajo mis pies. Creo que las dejo atrás, pero ellas siguen ahí. Inmutables. Sedientas. Yo finjo no verlas, y sonrío con holgura; como si la sonrisa borrara el dolor; como si los años hicieran justicia. Las letras siguen ahí, aunque pierden sentido, no pierden nunca su color; y camino a paso firme intentando olvidarles; mientras lo único que olvido es que el dolor nunca se irá.

Nuestra historia

Cierro nuestro libro, y leo el resumen, el comentario ese que busca resumir más de una vida en sólo unas cuantas palabras. Me parece injusto. Escribimos ríos de tinta, para encuadernarnos en la rutina; y ahora sólo quedan las palabras. Nunca fui una buena narradora, peor protagonista, pero esta vez me esforcé por tener un final feliz, al menos memorable. Mi error fue creer que éramos igualmente felices; y adelantar un final que ya muy tarde quisiste. Sin sentirme omnisciente, creí conocerte. Lo afirmo. Y firmo. Con amor para ti.
Cuando apago la luz, siento tu cuerpo junto al mío. Cuando cierro los ojos, siento mis labios sobre tu frente. Y cuando tú me dejes entrar, podrás sentir todo eso también.
Hoy te desprecio por aquello que hace tanto me quitaste. Mañana lo haré, por todo lo que me diste.