Sirenas

28 de diciembre de 2011

Últimamente el grito ahogado de las sirenas, es lo único que me saca de mis cavilaciones.
Y cuando levanto la cabeza, veo como todos lo hace de forma instintiva, y vuelven a ensimismarse confiando en que no son sus hermanos los que piden socorro, no es su casa la que arde en llamas o no son sus sueños lo que se han accidentado, porque para eso bien guardados están en el olvido.

Límites

11 de diciembre de 2011

Siempre me jacté de conocer el límite. De haber jugado al borde del precipicio, de nadar hasta el fondo de la copa y salir a la luz nuevamente.
Nunca miré atrás. Más bien cargué con todo aquello que sabía que siempre me ataría al pasado; así me he ahorrado por años la tentación de convertirme en una estatua de sal; y eso me ha hecho más fuerte, la espalda y los brazos cansados de sostener el peso del pasado, me han ayudado a sostener sobre mi cabeza todos los cielos rotos.
Pero un día desperté y quise más. Y entregué todo lo que tenía a cambio. Dudé, no lo niego, ¿para qué nos dotó Dios de razón si no fue para dudar?
Vivía en la soledad, y encontré un amigo. Estaba sedienta y me dio de beber. Era la flor seca del jardín, pero a él no le importó, se hacía sentir como una flor igual a las demás, o más bella, o más lozana.
Y creí que ya no necesitaría las rocas de mi pasado. Y reconocí los siete colores. Y no envidié más el perfume de otras flores.Y soñé con un jardín lleno de vida. Y corrí, y reí, y fui feliz. Hasta que abrí aquella caja que nunca debí tocar, mordí la manzana y vino a mí el conocimiento.

Y aquello que conocí, me quitó el aire, me quitó la esperanza, y resquebrajó el cielo azul sobre mi cabeza.
Y volví a sentirme sola, a tener sed, a ser la flor seca del jardín.

Quizás un día despierte y quiera más, una vez más; pero ya han sido muchas las copas amargas de las que he bebido, y muchos colores mezclado, y otras tantas creí que no volvería a envidiar a nadie. Aunque esta vez fue diferente,  pues nunca había soñado con mi propio jardín, y antes de darme cuenta, ya estaba cruzando otro límite.
Algo parece corroer las córneas de todos. Cada día somos más ciegos, pero la rutina nos engaña y aparta de la realidad.
Cruzamos la calle, pagamos el pasaje, saludamos, besamos, reímos y hasta cuestionamos.
Pero cada día nos automatizamos más y más.
Y el ácido que dejan caer sobre nuestras cabezas se disfraza entre la lluvia.
Y las mentiras que nos infunden las bebimos como agua, el primer café de la mañana está más contaminado que tres décadas pasadas de inercia.
Y somos culpables.
Los únicos culpables, de toda la niebla, de toda el hambre, de todo el miedo.
Constructores de ilusiones bañadas en oro, con cimientos de sal, sobre un mar agitado.
Labradores de campos sembrados de peste, que llevamos a nuestras mesas como bellísimos frutos.

Recibimos noticias de la desgracia ajena, y somos los propios mensajeros de nuestra agonía.
Caen a nuestros pies cadáveres día a día, y sólo sepultamos nuestra conciencia.

Son palabras

2 de diciembre de 2011

Corren y corroen
como el agua a la montaña.
Son ideas, son suspiros
son versos y canciones
enteras, mordidas, partidas y molidas.
Son oraciones, plegarias
cadenas, maldiciones
son amores, son perdones
son pincel y cincel acuoso
son auroras y mediodías
precioso grial y sal meliflua
son comienzo, son final
son palabras
sin más menciones