Conocidos a medias

30 de junio de 2010

La rueda no paraba de girar, y él solo atinaba a suspirar. Mala suerte la mía, mala suerte la tuya. Y no paraba de repetir lo mal que lo había tratado la vida.
Yo lo conocí un día en un bar. De esos decadentes y míseros, que frecuenté en las noches más frías y solitarias, en busca de un rincón cálido en el que reposar la cabeza al amanecer. Pero al día siguiente volvió, como un perro que conoce sus error y regresa donde su amo; y al pasar las lunas, en eso me convertí, y antes de que me diera cuenta, ya dirigía su vida. Tenía un trabajo, tenía el semblante tranquilo. En mi desesperado esfuerzo por aferrarme a algo, comencé a hacer de él el árbol en cuya sombra me refugiaría.
Su espíritu libre se aburguesó de a poco, siendo yo la culpable de aquel juego insano.
Una noche desenfrenada, sacó afuera toda su ira. Temí por mi persona, y tomé la determinación de no verlo más.
Pero su imagen era algo más que un mal sueño que se olvida por las mañanas. Creí que sería fácil. Fue fácil sacarlo de mi vida, pero no salir yo de la suya.
Por semanas siguió mi rastro por la ciudad, por el país. Santiago era una ciudad muy pequeña para no volver a ver su rostro difuminado en las vidrieras. Cada copa tenía impresos sus labios rojos, y cada libro me hablaba de él.
Ocasionalmente regresaba al bar en que lo conocí, quizás lo hallaría y le pidiese que regresara a mí lado.
Eres tú la culpable de este juego sangriento. De inmediato supe que era él el autor del ataque, amplias letras rojas en las sucias murallas de la callejuela que daba a mi casa. Y comenzaron las amenzas, las súplicas, una vorágine de palabras y susurros, de rostros, de melodías. Una danza interminable, un remolino de desenfreno y el temor más visceral que he sentido hasta ahora.
Aquella noche me estrellé con él en mi puerta. Apoyada sobre ella, me cerraba el paso, mientras el humo se izaba como una lúgubre señal.
Lo invité a pasar, y nos envolvimos en el juego amatorio en que caen aquellos amantes que saben que será su último encuentro. Nos pusimos al día a la umbría de la noche que se despeja. No puedo quedarme junto a ti, sabes bien que no puedo atarme.
La noche siguiente el noticiero anunció la trágica muerte de un hombre de veintisiete años, que se había quitado la vida saltando desde un vigésimo cuarto piso. Era él.
Pero para entonces todas nuestras cuentas estaban saldadas. Ya no lo conocía.
Tomé mi abrigo, y me dirigí al bar de costumbre. Quizás podría hallar otra alma con la cual jugar al amor.





Yo confío

19 de junio de 2010

La cultura de la traición impone su mentalidad una vez más, confiar en los dientes es morder la propia lengua. Morder las palabras como frutas prohibidas, y callarse, y secarse, y consumirse en un aullido contenido.
Todos mienten, todos mentimos lo sé, lo sabemos, y lo desoímos. Y creemos y confiamos en el frágil puente de las relaciones. Padres, amigos y hermanos, sombras que siempre algo ocultan en su seno; y hasta la sima más profunda de la tierra, es incapaz de esconder tantos secretos como el alma humana puede hacerlo.
Yo bien sé que no debo confiar, más siempre abro trémulo el corazón y lleno de esperanzas, en ti confié, en ti confío, en ti descanso, en ti suspiro. Mas, por ti no doy la vida, por ti no arriesgo la cabeza.
La vida me enseñó que aquel que quiere confiar sin razón en ti, es aquel que no te quiere para bien.
La vida me enseñó que no importa cuando te des cuenta que mal te han querido, pues siempre el otro será un día por otro juzgado.
Un día abriré el corazón, y no caeré al caminar.
Un día despertaré y sabré que ya no flotan más mentiras en el alma de los hombres, hasta entonces, seguiré errando al confiar.

A veces creo...

17 de junio de 2010

Rápido corre el tiempo, sin piedad. Y miro hacia atrás y me pregunto por mis triunfos, más derrotas se ciernen sobre mi cabeza que todas las miradas anteriores.
O quizás es solo que olvido con facilidad, y pretendo andar y desandar como si las huellas sobre la grava no fueran más que la delezanble silueta de viejos ensueños.
Nunca sabré si lo que no hice estuvo bien o mal. Sólo sé que lo hice, y que no puedo arrepentir, ya es tarde. Pero nunca tan tarde como para no volver a cometer el mismo error.
“La experiencia es simplemente el nombre que le damos a nuestros errores”
Y será la experiencia de lo que nos jactaremos al final del día.
Un día te dije, yo sé más sobre esto que tú, en el fondo quería decirte que había caído más veces, que era más vulnerable, que temía más que tú. Pero tomaste el camino errado, y temiste por ti, temiste de mí. Todos temen en algún momento, álgunos logran salvar sus miedos, otros se paralizan o huyen así como tú lo haces ahora.
Flores marchitas adornaran las exequias de nuestra historia, la lluvia será la música que despida nuestros últimos pasos juntos, sólo hojas secas saludarán nuestro cortejo. Pero al menos nuestra frente cubierta de oleo, será la prueba de que fuimos sinceros. Un jardín colgante guardará nuestras memorias, y se alimentará de la nada para seguir viviendo; un día caerá y será historia, un día volará y olvidaremos todo.
No serás recordado como un error, eres demasiado bueno para eso, tampoco serás un triunfo, no eres lo suficiente para ocupar ese estrado. Sólo serás tú. Una imagen difusa que aquello que seguiré esperando.
A veces desaría haberos encontrado en otro momento, en otro lugar, y así tenerte para mí, más tiempo.
A veces creo que siempre te cruzarás en mi vida.
A veces estoy segura que ya te conocí en otra vida.




Tu amplia sonrisa

15 de junio de 2010

Sólo por hoy no te disocio de mi pluma.
Eres tú, sí, no lo dudes.
Lo que no te digo a la cara,
te lo explico en mi propio mundo.



Pocas miradas se han llevado mi pensamiento, pero tus ojos son fuentes donde podría ahogarme sin resistencia.
Pocas manos han merecido las mías, y no es por sonar arrogante, pero sólo un par de veces he querido sostener otro par entre las mías con la misma intensidad.
Muchos labios, no te lo niego, más de los que tú has besado; pero los tuyos poseen un efluvio distinto, un aroma envolvente, una miel tan amara, que me deja sin aliento, sin sensaciones.
Cuando caiga la noche, una noche no muy lejana quizás, podré abrazarte nuevamente, y recogerme en ti. Y me pedirás que te dé libertad, que no intente dominarte; yo sonreiré en la penumbra, ¿como ponerte bajo mi sombra si bien sé que nunca estarás tan cerca?
Y pareciera que sé tanto de ti, pero sé que eres un jardín lleno de recovecos.
Pero nada espero de ti, como un labrador que espera la estación sin animarse a recoger frutos, agradecido de las dávidas de la naturaleza.
No acostumbro encumbrar mis ilusiones, ya que se pueden extraviar entre las nubes, y no tengo el valor de echar a volar en su búsqueda. Ilusión enaltecida, ilusión perdida. Y tú, el hombre de la amplia sonrisa, estás al borde de mi campo visual, un paso más y desapareces, pero oscilas sobre mi cabeza, como si fueras tú, mi ilusión perdida, el que no se atreve a alejarse de mí. No sé si jalar de la cuerda y atraerte a mí, o dejar que huyas con el viento del ocaso. Un amor anochecido, no pasa de ser una fugaz estrella; un amor no concluido es sólo un recuerdo de litera. No quisiera que tu recuerdo se oxidara en un baúl, más no puedo pretender alzar para ti un altar, ni conservarte en formalina, ni siquiera puedo prometer que siempre te recordaré. Me pides que comprenda, y lo hago; lo que no puedo comprender es porqué yo sigo aquí, tantas flores que podría recoger en otros rincones...
No me sentaré a esperar a que cabalgues hasta mi ventana, y no te lanzaré mis trenzas para que subas hasta mi tálamo; pero no he de negar que es más fácil llegar a él que a mi corazón. Y puede que me contradiga, las doctrinas nunca han sido coherentes, la mía menos. Pero podría trazar una línea que te demarcara los límites entre los que vago si me lo pideras. Si me lo pideras, haría muchas cosas que nunca he hecho por alguien más... Pero sé que no lo harás, no sé si por temor o por orgullo, pero ambas atan y detienen, y consumen, y alejan, y al parecer es tu destino estar lejos de mi luctuosa silueta.


Yo no huiré. No pretendo negar lo que creo sentir, más bien dejaré que las hojas envejezcan a su ritmo natural; en las cosas humanas nada ha de ser ab æternum...
Y muchas noches podrán sucederse antes de conocer tu corazón, e incontables las estrellas que me sonreíran en tu ausencia; mas sólo será tu amplia sonrisa la que podrá mantenerme despierta en la hora más oscura.

Hombre sembrando esperanza

11 de junio de 2010


Era el hombre a contraluz. Era un hombre contra el viento. Refugiado en la temerosa penumbra del ocaso. Su piel morena blanqueada por el polvo. Sus ojos marchitos humedecidos por la pena. Encerrado en un cuarto desmoronado; preso del infinito y la agreste tierra.

Era un hombre revolviendo escombros. La vida entera se deshizo en sus manos. Trozos de barro seco y polvo de sueños lejanos; rodeado de cientos de cientos de recuerdos quebrados.

Era un hombre sumido en el barro. Era todo cuanto había logrado. Frágiles esperanzas nos da la vida. Débiles triunfos, luego viene el llanto. Aquello obtenido, ahora derrumbado; quien tuvo su hoguera, ahora nada en cenizas.

Pero el hombre guardaba esperanzas; tendremos casa nueva, más linda, más amplia. Y con sus manos movía terrones, como de joven labraba la tierra.

Yo observaba la silente labor del hombre con voluntad de acero. Cómo alguien tan viejo y cansado, podría ver entre el polvo un destello. Pero el hombre seguía su tarea, sembrando en el aire esperanza. Suspiraba el vetusto soñador, tendremos una linda casa.

El encanecido hombre me sonríe, que bueno que vino a vernos. Avanzo entre vigas y tejas quebradas; le extiendo mi mano, abrazo a mi abuelo.

Laguna mental

5 de junio de 2010

No digo tu nombre, pues tú lo conoces mejor que yo...

Ayer vi tu doble. Quizás tu alma en pena. Y cuando lo tuve frente a mí, me alegré de que no fueras tú realmente.
No es que tema estrellarme contigo en algún rincón de esta gris ciudad, o en los recovecos de un bar ahogado por el humo de la miseria. Es sólo que me quedé con el pecho vacío de tanto correr lo más lejos que podían llevarme mis pies, lo más lejos posible de ti. Temí quedarme adosada a tu pecho y no poder respirar más que tu aire...
El otro día desperté abrazada a una espalda desnuda, y me pregunté si esa habría de ser tu espalda desnuda, de haber pasado aquella contigo. Siempre me pregunto esas cosas, no es que añore lo que nunca fue; es sólo que las palabras no dichas quedan sueltas y oscilantes en la sima de mi alma.
Cosas así son las que me despiertan a media noche y me obligan a buscar papel y pluma, pluma exangüe y moribunda, pero pluma después de todo. Pensamientos que abruman las entrañas, y escocen como sal en las heridas. Muchas cicatrices ornan mi pasado.
He conocido mucha gente. Pero nadie se parece a ti. O quizás, sí, pero me he esforzado por lavar tu recuerdo y envolverte en un halo de misterio, para no pensarte, ni sentirte, para no recordarte y creer y jurar que eres un falso recuerdo. Una laguna mental. Una palabra que ha sido tachada... No sé cómo llegaste, sólo sé que yo fui quien huyó de todo. Y ahora soy yo, quien se esfuerza por no recordarte.
Por un momento te creí, y esperé una respuesta. Ahora comprendo que las incoherencias no tienen más respuesta que el silencio. O quizás eres como todos, y temo que así lo sea, y nunca más vuelvas la mirada hacia lo que nunca fue, pero créeme que sí pudo ser.