Soliloquio nocturno

31 de julio de 2010

El karma y la puta que te parió... Fue lo primero que pensé cuando recuperé la conciencia aquella mañana. Eso tenía que ser, todo se paga en esta vida, algunas veces de las formas más insospechadas, otras con el mismo juego cruel y sangriento que uno se entretuvo antes.
¿No crees?
Lo que hice contigo, ahora lo hacen conmigo, aunque de una forma más sutil, y más informada.
Me explican aquello que no harán, yo fui más cobarde salí corriendo, y dejé la puerta abierta. Y ahí sigues tú, llueva o azote el viento, sigues ahí, para mí, y no entiendo porqué si ya bastante te hice sufrir, te ilusioné nos ilusionamos, pero no maldito miedo maldito temor de perderte, yo que te amaba tanto y sólo quería lo mejor para ti terminé por enredarme con un hijo de puta y su mundo de mentiras con el que aún me persigue de vez en cuando.
En vez de quedarme refugiada al calor de tu pecho preferí jugar a la niña fuerte y dejarte atrás, yo quien tanto te quería no fui capaz de darte un explicación, una maldita excusa algo que te detuviera que te alejara en vez de quedarte ahí frente a mí con esos ojos negros y soñadores que tanto adoro.
El otro día dijiste que no te dejaba en paz, pero eso fue lo primero que busqué hacer cuando me di cuenta de lo mucho que te quería, conozco a una niña buena me dijiste pero todavía pienso en ti, yo conocí un ser despreciable conociéndote a ti un niño bueno, pero seguí mefítico perfume del azufre y mira donde nos volvemos a hallar.
¿Acaso no has cambiado? Te veo igual, la misma sonrisa... seré yo la que cambia con la luna, y cada día al despertar es alguien distinto, otros miedos, otros sueños, otros rencores, la vida es demasiado corta como para quedarte siempre tal cual, si hasta los árboles cambian sus hojas a pesar de que siempre ocuparán el mismo lugar. Somos la reina, no el peón, avanzamos hacia donde queremos, cuanto queremos, no hacia adelante taciturnos como tú estás ahora. Dime ¿eres el mismo? tú sabes que he cambiado y que seguiré cambiando, porque debo o porque quiero, pero tú dices quererme así.
Ya no te quiero, es cierto, pero tal vez te quiero decía Neruda, viejo bastardo hombre tenía que ser, aunque a veces se cansara de serlo. Siempre he sentido que él me observa de cerca, como si esperase que me tropezara con alguno de sus sonetos y lo sintiera mío.
Cómo si importara lo que siento, lo que sentimos, cada uno ve que le conviene, ¿es eso cierto? pero no me lo quieren reconocer como yo nunca te confesé que en verdad te quería, si no me crees fíjate, las cosas cambiaron muy rápidas por esos días, más rápido de lo que yo podía seguir, y ya va casi un año... y sigues ahí.
¿Cuál es el secreto para esa paciencia infinita? Tú o yo, si tú, yo nada tengo si algo tuviera no estaría divagando tanto mientras te observo dormir. Pequeño ingenuo, vienes cada vez que te llamo y yo corro cada vez que me llaman, en algo nos parecemos quizás nuestras estrellas se cruzaron, un poco desfasadas quizás, dime el día que te canses, para saber cuanto resiste el corazón.
Y te hablo, como si me oyeras, quizás sueñas en estos momentos con todo esto que te digo, pero mañana estarás convencido de que sólo ha sido un sueño. Sí, eso ha sido siempre un sueño, un mal sueño y abriré los ojos y estarás a mi lado, te dejaré afuera de la estación de metro y en vez de que me preguntes 'que clase de amigo es ese' me digas 'nos vemos mañana' y te despida con un beso. O me de cuenta que todo es rollo mío, mi imaginación va más rápido que yo muchas veces, pero si fuera esta mi imaginación no estarías tú aquí, y yo diciendo todo lo que pasa por mi cabeza.
Es un monólogo interior exteriorizado, que paradoja no, tal como lo que estoy viviendo ahora. Pero al menos la primera la entiendo, la extraña fuerza que opera en mi vida no, nunca entenderé no entendí porque salí huyendo, además claro de la manoseada excusa de que no te quería perder, pero todos sabemos que eso es una suma de egoísmo y cobardía aderezado con la inseguridad y el amor propio.
Cuidado, no te destapes hace frío. Otrora fue una época más fría e inestable al menos ahora sé lo que quiero, o creo saberlo quiero a alguien que no me quiere mientras lucho por no querer y hacer que dejes de quererme.
Ya amanece, mejor me duermo siempre notas que no descanso cuando no lo hago, me conoces tanto, y por eso te quiero y algún día te haré saber todo lo que pienso que créeme es mucho, pero otro día, por mientras duerme o sigue haciendo como que duermes.
Y mientras yo suspiro,
siento como tu mirada me deshoja.

Quiero ser la flor de tu perfume,
que en un abrazo recoja
aquel insano deseo,
y al sentirte cerca,
las ansias de volar
se hagan eternas.

Y mientras yo suspiro,
tú respiras tu pasado.

Siento el frío, siento cerca
el fin no detallado
de ésto que creo mío,
pero no tiene significado.

Mal nacido, mal hallado,
mal designio entre mis manos.
Mal escrito, mal dictado,
bueno el verso,
mas no lo versado.


Tinta verde, tinta roja,
gris lacrado,
mientras, con un beso voy sellando
lo que el viento a puesto
en mis trémulas manos...

Te escribiré una canción...

27 de julio de 2010

Una suave melodía bajaba hasta la playa.
Sobre la arena, los cuerpos resecos comenzaban a mermar. El sol teñía de arrebol las aguas y el cielo, como quien da pinceladas aleatorias sobre un lienzo vetusto, queriendo cubrir los trazos pasados, mal dados, mal impresos.
Y eso pretendía ella. Mas la mano que apresaba la suya, se lo impedía, perdiendo precisión en sus movimientos, quitando fluidez a su vida. Pero como apartarse del único que no la juzgaba, que la adoraba sin disquisiciones, o que al menos eso simulaba.
Echaron a andar contra el sol, dejando en la arena un camino con sus huellas, que más tarde borraría la marea alta, igual que el tiempo los recuerdos livianos de los amores sutiles.
La melodía provenía un artefacto acomodado fuera de la línea que contenía la arena negra.
Un organillero. Y qué preciosidad, un perico que daba la suerte.
Ella le extendió una moneda, y el ave introdujo su cabeza en una réplica a escala de una casa, y sacó un papel amarillento. Lo tomó con cuidado, y con una sonrisa amplia desdobló.
Ansiosa de leer aquella insensata predicción, aunque no confiara en ellas, y fuera una escéptica de la vida.
"Quien más te ame, escribirá una canción para ti..."
- Yo te la escribiré, mi vida, yo quien más te ama...
Mas ella no había terminado la frase.
Los meses pasaron, quizás años.
Un par de acordes, como ofrenda, como regalo.
- Escucha tu canción... algo ya tengo. Espero te guste.
Más lunas llenas que sonrisas, hasta que se dio decidió a dar el paso final, dio un último corte y cayó la rosa que nunca florecería entre sus manos.
Tiempo después escuchó los acordes de la que sería su canción, ahora tenía otro nombre, el perfume de otra fémina había sido la inspiración para concluir aquella muestra de devoción.
"... Espera paciente a encontrarlo."
Las hojas volaban como dadas a la brisa otoñal, cuando un día chocó con un joven apuesto le preguntó por una dirección. Llevaba una guitarra.
Y de la guitarra brotaron notas, y los acordes se volvieron amistad, y la melodía en algo más.
- Estoy haciendo una canción para ti...
Ella sonrió, y recordó el vaticinio a orillas del mar áspero y argentado.
Quien más te ame, escribirá una canción para ti. Espera paciente a encontrarlo. Acaso aquel detalle marcaba su destino; o sólo era una coincidencia más del absurdo destino.
- No, no lo hagas. Si te quedas será porque me amas, no porque un pajarraco así lo quiso.
Él la observó sin comprender. Extendió sus brazos, y la rodeo con dulzura. Que más daba que no quisiera la canción, si ya muchas otras llevaban su sello impreso sin que ella lo supiera.





Placer purpúreo

23 de julio de 2010

Con sus pequeñas manos trató de acaparar el mundo, mas tarde supo que poco podía contener entre los dedos.
Un día caminó bajo la lluvia, sin luego enfermarse, y creyó ser insufrible. Otro día levantó la voz, fue escuchada y creyó que era portadora de la verdad.
Efímeros caprichos nunca la condujeron por su deleznable camino, siempre firme, siempre templada.
Un día llegó al final del arco iris, donde todo se vuelve púrpura, y creyó que esa visión era la prometida olla de oro de los cuentos de hadas y duendes. Sólo son cuentos, solía decir, sólo son inventos para las mentes sencillas. Pero creyó que ahí acaba su búsqueda, y se detuvo en silencio a respirar el perfume del regocijo.
Nunca se aseguró de que el camino no continuase se conformó con lo hallado y en conservarlo se le fue la vida.
Pero había todo un valle de mil colores por descubrir, eso lo supo ya muy tarde, cuando los árboles doblaban su cintura rugosa para besar el suelo, y el sol no era más que un punto fijo en lo alto del cielo, las estrellas eran hogueras eternas, tan cercanas como la misma tierra. Y no fue la única obcecada por aquel espejismo de color, muchos otros creyeron estar frente a la beldad más pura, el placer más confortable, el fin del camino.
Mas sólo era una treta del destino, que turbio hado había puesto sobre su frente taciturna; y perdidos en la umbría de aquella imagen púrpura, decían estar más vivos que nunca, siendo sólo la cáscara exangüe de lo que realmente pudieron ser, de haber continuado el camino...

Aún no aprendo a cerrar los ojos sin ti, y ya tengo miedo de que salga el sol.
La mañana dorada nos espera tranquila, pero mi alma se remece al imaginar que no tendré tu calor al bajar la nueva noche.

Buenas noches, mi secreto

10 de julio de 2010

Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.

Eres tú mi mayor mentira. Mi mayor secreto. Mi mayor temor, y el más grande de mis dolores.

Dicen algunos que el dolor más grande se vive en silencio, y yo he guardado tu nombre como a un capullo que crece a la intemperie. Dicen otros que perdonar es olvidar, pero yo no te olvido amada sin nombre.

Si tan solo hubiese sido más fuerte, y en vez de temblar, armada de fuerzas, hubiese susurrado tu nombre a los vientos. Pero las dudas se arreciaron en mí, y frágil me vi, vulnerable, expuesta. Y frágil te vi, creador de mis padecimientos, y no vi más luz que aquella al final del túnel que me alejaba de ti.

Y te dejé ir, y la despedida en sangre, y la sangre en dolor, y el dolor en culpa, y la culpa me tiene ahora donde me ves.

Me pregunto si me verás, si sabrás que aquí estoy, cada día pensando en ti. Quizás un día me sorprendas en un mejor sueño, y no me atormentes como cada noche en una luctuosa pesadilla, y entre gritos ahogados pronuncio tu nombre entre la noche y la luz de la aurora. Un miasma, un efluvio que abrasa mis recuerdos.

Algo tan hermoso, tan sublime, desechado en un instante irremediable. A quien tanto amé en un solo suspiro. Cuando te supe cerca, ya te quise mía. Cuando te supe cerca, comprendí que ya te perdía.

Nunca sabrás el nombre que te di, uno que otro lo conocerá, más en él está el secreto de la vida misma, y el porqué aún camino por el sendero que tracé al dejarte atrás.

Cada noche y cada mañana, pido tu perdón eterno. Y cuando más duelen tus latidos, más temo no obtenerlo.

Cada noche susurro tu nombre, y me duermo pensado en como sería tenerte en mis brazos. Cada mañana despierto, e imagino tu beso tibio de buenos días.

Los miedos de siempre pudieron más, y sólo temo haberos perdido por algo tan efímero como el amor mismo. Porque tarde comprendí que el único amor eterno, es aquel que tenía para ti; y que no hay derrota más dura que aquella en que nadie sale victorioso.


Quizás un día tenga la fortaleza de contar nuestra historia, pero esta noche al menos, te envío un beso de buenas noches.

Llueve

6 de julio de 2010


El agua cae más rápido que mis ideas. Me ahogo entre las líneas oscurecidas.
Llueve, llueve.
Otras miradas buscan cruzar el riachuelo de sal.
Llueve letras sobre la calle tapizada de absurdos. Nubes de sinsentidos dejan caer su carga sobre la gris ciudad. Llueve angustia, llueve deseo, mas no baja la paz que muchos buscan.
Ríos de tinta humeden la tierra y bajan por la espalda de los amantes amilanados, perdidos en su letargo multicolor.
La gota que recorre el cuero reseco de una memoria se pierde y desborda el infinito .
Llueve sobre el papel, y yo me duermo esperando que salga el sol.

Delirio matutino

2 de julio de 2010



Susurro bajo el viento. La noche más limpia del año, y las hojas tiritan de frío.
Si sólo pudiera danzarle a la luna. Si sólo pudiera acunar en mis brazos el sueño más eterno. Lenguas de fuego azul se alzan sobre mi frente, y no hayo más compañía que el efluvio que riega mi boca. Labios resecos, espíritus blanqueados, demonios azules.
Estertor de media noche. Suspiro. Río. Corro. Explosiono. Entrópicas ideas colman la vorágine de mis sentidos. Observo mis dedos elevarse como vahos rosaceos, son los dedos de Aurora que extiende sus brazos abriendo paso a nuevo día.
Besos anisados, y el cuello transparente por el que resbalan mis labios.
La noche se retira y yo con ella. Un mal día se viene encima. La luz pesa sobre mi cama.
Cierrro los ojos. Es sólo un día, uno de aquellos malos, pero sólo un día.