Voz y poeta

23 de julio de 2011

No tenía su vuelo, pero hizo de aquella pluma caída la fuente de todas sus creaciones.
Nunca fue albatros, conformóse  con ver como los demás alzaban el vuelo, como otros surcaban el cielo. Él, en tierra firme se mantuvo, oyendo las olas y bebiendo la sal del viento.
Pero su vida fue más próspera que si alto su vuelo hubiese alzado. Su pluma recorrió lugares más lejanos que el horizonte, y su voz colmó más senos que playas. Su pluma se convirtió en el canto de muchos, y la tinta con que dibujó la vertiente de miles de descontentos.
Sin ser poeta se convirtió en la voz de un pueblo.

Nuevo Día

6 de julio de 2011

Del cielo caía como lluvia, y de la tierra brotaba como la hierba. Eran los tiempos del olvido, donde los viejos dioses eran losas frías y nuevos colores daban respuesta a los desconsolados.
La esperanza y la inocencia se transaban a bajos costos, como si la moral humana tuviesen precio.
Las auroras eran grises y el crepúsculo se matizaba con  el eterno fulgor de la ciudad.
Sin días ni noches. Relojes que contaban horas infinitas, esperando un manto oscuro devorado por el avance de del Nuevo Día.
Cuando anunciaron el Nuevo Día, como la buena nueva de la iglesia del descontento y la fugacidad, todos se arrodillaron ante el alzamiento del Nuevo Hombre.
El Nuevo Hombre entró en cada hogar y en cada escuela, portando la luz eterna del Nuevo Día, del esplendor perpetuo, dejando atrás aquellas noches de temor y dolor que azotaron la humanidad desde sus inicios.
Era esperanza, era la respuesta a las súplicas de miles de castigados por el oscuro lado de la vida.
Y en cada hogar no hubo más noche de llanto, ni de dolor, ni de juegos, ni de reunión, ni siquiera de dulces sueños. Porque el Nuevo Hombre no dormía, ni soñaba. Y a eso siempre habían aspirado los grandes poderosos.