Los ojos de mamá

9 de agosto de 2009



I.
Los ojos de mamá están tristes….
Ellos lloran sin lágrimas
Papá siempre dice no te preocupes se le va a pasar.
Yo corto flores para ella. Pero ella las deja sobre la mesa hasta que se secan.
Pero yo sé que no las quiere porque yo se las doy. Ella no me quiere. Ella no quiere a nadie. Sólo a la foto de la niña que guarda siempre en su cartera.
Papá le grita todas las noches. Yo escucho. Cierro los ojos, la boca, pero no puedo cerrar mis oídos. Siempre están abiertos y me duele todo cuando los escucho pelear. Papá dice que debe seguir adelante. Que estoy yo. Pero mamá le grita que no es lo mismo, que nada vale la pena.
Pena. Eso me da. Porque veo que mi mamá llora sin lágrimas. Con ojos secos y tristes.
Y cuando el pido que me peine, me dice que le diga a mi papá. Antes sí lo hacía. Antes de que la niña de la foto se fuera. Ella era importante creo. Yo no me acuerdo.
Yo no sé nada, como dice mi papá. Él dice que yo no me doy cuenta, pero si lo hago. Si sé que pasa entre las paredes de esta casa. Escucho todo. Pero no le digo a nadie lo que sé.
Mamá no me quiere. Ella sólo quiere la foto de la niña que siempre guarda en su cartera.


II.
Los ojos de mamá están tristes…
Ellos lloran sin lágrimas.
Como algo que doliera dentro pero no puede salir. Yo sé que ella siempre está triste. Sus ojos siempre lloran sin lágrimas. Desde entonces ya no me peina y todas las noches pelea con papá. Yo no escucho, prefiero no escuchar.
Cierro los ojos y recuerdo los cuentos de leí en el día. Mis preferidas son las hadas, me escondo bajo las sábanas y pienso en las hadas que están en lo bosque encantados. Donde nadie pelea. Donde nadie se va. Donde nadie grita ni llora, ni hace llorar.
Donde los papás no llevan otras mujeres a las casas. Donde las mamás no se duermen sobre la mesa. Donde siempre hay alguien que te peine el pelo.
Pero aquí no nada de eso. Sólo gritos. Y pienso que son aves. Aves que viven en los bosques encantados junto a las hadas de muchos colores.
Papá me preguntó si quería otra mamá. Yo le dije que mi mamá era mía, y que no quería otra.
Él sonrió. Sin ganas. Como los ojos de mamá que lloran sin lágrimas. Yo lo miré, y con los ojos secos le pedí que me abrazara. Pero él me miro. Y no dijo nada. Papá ya no me quiere, lo sé por sus ojos. Él tampoco me peina. Me dice que le pida a mi mamá.
Papá no quiere a nadie. Sólo a la foto de la niña que siempre guarda en su billetera.


III.
Los ojos de mamá están tristes.
Ellos lloran sin lágrimas.
Pero siempre ha sido así. Ya no me extraña. Cuando llego y el mantel está en el piso, sé que fue ella la que lo hizo. Ya nadie corta flores. Se secan y pueden estar semanas sobre la mesa y nadie las mueve.
Todo se seca. Eso dice mi mamá su belleza dice ella se secó cuando llegué yo. Pero yo no me acuerdo, yo no quiero que mi mamá se seque. Pero no sé por dónde se le va el agua, si ya nunca llora.
Cuando yo lloro me seco. Si ella no llora no debería secarse.
Cuando lloro me da frío en el pecho. Como cuando corre viento fuerte y traspasa la ropa.
Papá dice que se pasa. A él se le pasó. Yo sé. Ya casi no mira la foto que guarda en su cartera. Prefiere mirar a las mujeres que lleva a la casa. Y yo me escondo en mi pieza y las escucho gritar.
Dicen que yo no sé nada. Pero yo escucho todo. Entiendo todo.
Ellos no lo saben. Ellos sólo saben que yo no sé nada.


IV.
Los ojos de mamá están tristes.
Papá riega las flores todas las mañanas. Dice que le gusta que haya vida en la casa. Él sabe que no estamos quedando muertos. Entonces se pone a llorar. Me pregunta cuantos años tengo. Sí. Ya se me acabaron los dedos, hace mucho. Pero parece no darse cuenta.
Otra vez corto flores, pero no se las doy a nadie. Las dejo en agua y las veo marchitarse con los días.
Cuando me preguntan, digo que soy feliz. Porque ya aprendí a llorar sin lágrimas.
Ahora mi cuerpo llora sangre por mí. Llora porque sabe que seré como mamá y me secaré con ella.
A veces sueño con que estoy lejos. Pero sólo es un sueño.
A veces sueño que alguien me toma de la mano. Pero es un sueño.
A veces sueño que soy otra persona, y al otro día veo una mujer nueva en la casa. Papá se sonroja y se despide de la extraña. Yo entro a mi cuarto y el luego me pide que no le diga nada a mamá. Que entienda.
Mamá ya casi no está triste. Mamá ya casi no está en casa.


V.
Los ojos de mamá están tristes.
Ella llora sin lágrimas.
Me pregunto si en un año seguirán estándolo. El próximo año ya no estaré aquí. No sé donde estaré.
Mis ojos no son los mismos. Mi cuerpo no es el mismo. Ya no estoy sola.
Ya no hay flores. Ya no hay lágrimas. Ya no hay licor. Ya no hay mujeres. Ya no hay nada.
Sólo hay silencio.
Papá nunca está en casa. Mamá sólo trabaja.
Pero yo, ya no estoy sola. Y ellos no lo saben.
Ellos no saben nada. O quizás yo creo que no saben nada. Así como ellos creían que yo no sabía nada. Pero yo n soy como ellos.
Pero no me importa. Sólo que me queda esperar un poco más.


VI.
Los ojos de mamá están tristes.
Pero no llora. Dice que me extrañará.
Pero yo sé que no. Ella sólo extraña a la niña que está en la fotografía.
Papá toma la foto y me la muestra. Se parece a mí, soy yo. Pero no soy yo. Es tu hermana me dice. Tal vez no la recuerdas bien. Nos dejó hace mucho y nunca más volvió.
Yo tampoco volveré. Pero no se lo digo. Prometo regresar.
Prometo regresar y ser feliz.
Ya soy feliz. Pero no volveré.
Ahora soy libre y soy feliz.
No seré como ellos. No viviré del pasado.
Ellos me abrazan fuerte y cierran la puerta. Así como cerraron hace años las puertas de su corazón.

Nuevos Tiempos

5 de agosto de 2009




- Dígame señor, ¿le sucede algo?

- No, Caronte, estoy bien.

- Lo noto más gris y sombrío de lo… normal.

El aludido esbozó una burda sonrisa. Más gris de lo normal, pensó mientras observaba los miasmas que desfilaban delante de él.

- ¿Seguro señor, que nada sucede? – continuó el anciano mientras recogía las cuerdas se su pequeña embarcación.

- Seguro… he estado pensando en ampliar el lugar, sabes, creo que nos estamos quedando sin espacio…

- Si usted lo dice amo… yo sólo cruzo el río… desde que usted me asignó esta tarea, la cumplo con orgullo…

- Y te lo agradezco Caronte. Pero no te detengas más, frescas lamas diviso ya en la otra orilla…

El anciano inclinó su cabeza y ocupó su lugar en la barca. Una invisible mano comenzó a guiarla. El otro hombre se mantuvo en su lugar, observando la inmensa oscuridad que se extendía frente a sus cansados ojos. Sombras, tinieblas, y más calígines, lo único que lo rodeaban. La sima que devoraba las almas de todos los infelices que pisaban el Inframundo… Más gris. Más gris había dicho Caronte, como las mismas almas que llegaban cada día. Grises, mustias, desoladas, exangües. Ni el pálido reflejo de épocas pasadas, en que los nuevos huéspedes luchaban por no seguir adelante y regresar al lugar del cual habían sido expulsados. ¿Qué sucedía allá arriba? No lo sabía. Sólo sabía que las cosas habían cambiado. El semblante de aquellos que bajaban era tan distraído, como si no tuvieran conciencia del lugar que pisaban. Pero siempre estaban apresurados, como si el tiempo siguiera rigiendo para ellos; se movían en masas, compactos, sin objetar nada ni alzar la voz, aun así, sólo se preocupaban de ellos mismos, no les importaba que sucedía con aquel que estaba a su lado o detrás, eran entes anacoretas insertos en la muchedumbre.

Una vez, tiempo atrás, cuando sólo llegaban víctimas de las pestes y hambrunas, y los héroes debían ser ensalzados al llegar, un miasma se le acercó, y sin reconocerlo, le preguntó si éste lugar era lo único que quedaba avanzar y cruzar la luz. Él, orgulloso de sus dominios, le respondió que no había mejor lugar para descansar de la insidiosa luz del sol, que este hermoso reino de sombras. El miasma se había alejado lanzando imprecaciones para el “dueño del miserable lugar”, sin imaginar que acaba de hablar con él.

Eran nuevos tiempos. Ahora ya nadie cuestionaba nada más que el pago del derecho por cruzar el Erebo en la cómoda barcaza de Caronte; tacañas almas insistían en no tener nada que entregar, pero nadie es tan pobre como para no tener que ofrecer a las sombras del inframundo. Nadie quería saber de nada.

Incluso el trabajo del Leteo era más sencillo; casi todos estaban medio dementes al entrar en sus aguas, ya nadie atesoraba momentos dentro de sí, todo lo expulsaban, liberándose felices de sus cargas emocionales, los recuerdos se evanecían con tanta facilidad…

Eran nuevos tiempos. No sabía que sucedía arriba, que afectaba tanto a los recién llegados, incluso lo afectaba a él de pronto. Pero estaba cambiando, y no precisamente para bien, y él debía limitarse a esperar entre las sombras, en la sima que una vez creó su corazón…

Eva

2 de agosto de 2009


Y el paraíso se creó para ti, por tu causa, por tu existencia, para tu permanencia, para que lo descubrieras, para que lo gozaras, para que lo cultivaras y lo cuidaras.

Y el paraíso en ti vive, y en ti muere. Contigo existe, sin ti perece.

Tú eres quien decide si habita en él como el paraíso que es, o si sólo te refugias en él por no poseer más tierra que esta.

Y es esta tierra, la que se abre para ti. Y es esta tierra la que besa tus pasos. Y son tus pasos los primeros que recorren sus rincones, y es tu sudor el primero que mancilla sus costados, y es tu simiente la primera que se extiende por su fértil seno.

Para ti fue concebida, con sus montañas, simas y abismos, con sus tormentos y sus peligros. Para ti la tierra fue creada, para que en ella habitaras y la hicieras tuya. Para que tuvieras abrigo y también futuro, para que tuvieras compañía y también compañera. Porque ella es quien se entrega a ti, sin pedirte nada a cambio, es ella quien dará el fruto de tu esfuerzo, es ella quien se llamará tuya.

Y la tierra te seguirá, ella está unida a ti por la sangre y por la piel, la tierra te ama y es tuya, y no te dejará sólo porque quieras buscar otros horizontes. La tierra te acogió en su regazo, y te acunó, y te amó, y por siempre te buscará entre los demás hombres.

Porque la tierra fue bautizada Eva, y Eva camina junto a ti.

Pero no todas las mujeres son Eva. Sólo la tierra que mancillas por primera vez recibe ese nombre. Y es esa tierra la que será adscrita a tu piel, aunque la dejes, aunque intentes deshacerte de ella, ella siempre será tu Eva, tu dueña, la tierra para ti fecunda.

Y tus pasos muchos valles recorrerán, buscando aquella tierra que sientas propia. Pero atrás habrás dejado aquella a la que más has entregado.

Quizás un día halles una tierra apropiada para ti, y te acogerá aun con más amor que tu Eva. Y en ella querrás construir tu futuro, y en ella querrás cultivar tus sueños y esperanzas, y serán sus frutos los que venerarás en el altar de su seno.

Y quizás, tú seas su Adán, el primero en estropear su serenidad, el primero en recorrer sus rincones, el primero en cortar sus flores. Pero sabrá que sobre tu cabeza pesa el polvo de otra tierra, y aunque le jures que ella es quien tanto ha buscado, la tierra sabe que no le perteneces…