Noches vacías

18 de abril de 2010



El silencio nocturno, el más duro de todos. La soledad la rodeaba, la oscuridad la consumía.
Una débil chispa de vida en medio de la cama, y el humo del tabaco ascendía al cielo como un espíritu errante...
Envuelta en las sábanas, consumía uno tras otro un paquete de cigarillos, el segundo del día.

Cause I love you, yes, I love you...

Las horas se volvían cenizas. El día entero cupo en el cenicero. La vida entera no era más que humo y cenizas...
Una mañana, café negro y soledad. Una tarde, tabaco y soledad. Una noche, alcohol y más soledad.
La casa era tan grande una vez que los invitados marcharon. Los muros tan fríos. El lecho se ampliaba cada vez que lo recordaba, cada vez que evocaba su perfume. Su aroma, aún recordaba la primera vez que se lo obsequió. Y el humo no llenaba su vacío. Ni el vacío del lecho, ni la sima de su pecho.

Some hand in hand...

¿Cómo alguien que ya no está, sigue tan presente? ¿Cómo el vacío se expande en la noche? Y el tiempo se congela, te congela... Y te oprime, y te envuelve, como una sábana de satén blanco, como una red de recuerdos que echan al mar los pescadores de almas perdidas.
Ella no quería perderse en el pasado. Ella no quería detenerse como el reloj de la sala. Ella no quería marchitarse como las flores del cortejo. Ella quería vivir, sí quería vivir. Porque lo amaba, sí ella lo amaba.

Cause I love you, yes I love you...

Pero él ya no estaba. Y los cigarrillos se acaban con facilidad.
El maquillaje de varios días, envuelta en las mismas sábanas, respirando el mefítico humo por costumbre. El mundo parecía no girar en ese pequeño mundo de cortinas cerradas. Y aún así, ella no quería perderse en aquella noche eterna, sin estrellas, sin risas, sin palabras, sin perfume, ni colores, aquella noche eterna, como tres días atrás, cuando leyó una carta que nunca debió entregarse, y a cuyo remitente jamás debió dejar ir.

Nights in white satin,
never reaching the end,
letters I've written,
never meaning to send.

A veces la gente nos deja, se aleja, sin regresar. Y las noches caen, para que el sol brille una vez más. Pero esa noche nadie cantaría junto a ella su dolor, y sólo el silencio se enteraría de cuanto amó a aquel que ahora descansa en el seno de la tierra.

Eleonora

17 de abril de 2010


Si mi nombre fuera Eleonora,
otra sería mi historia.
No contaría ni mis penas ni mis glorias,
sólo sería un poema
frío y oscuro
como mañana de niebla.
Sólo sería una oda,
una rosa, un conjuro.
Una ave del cielo roto
un susurro del viento norte,
el perfume alcanforado
de los hijos del pasado.
Si otro fuera mi nombre,
otros cantos entonaría,
quizás marcharía tarde,
quizás moriría lento.
Y otras tierras pisaría,
y tendría otros talentos,
lloraría otros amores,
y otros labios besaría.
Si mi nombre fuera Eleonora,
en tus brazos caería,
tu voz sería mi testamento,
y yo sería
lo que tu corazón añora...

Exigencias Incumplidas

10 de abril de 2010


No me robes la alegría de creerme dueña de mi propia verdad. Déjame. Permite en mí esa alegría, por efímera que sea.
Quizás un día me arrepienta. sí, quizás. Quizás tome conciencia de mi error, algún día. Pero por hoy, deja que yo sea feliz.
El orgullo es el alimento del alma, cuando se acaban los sueños.
Tú exiges aquello que no estoy dispuesta a entregar, y créeme que esta noche no caeré en tu juego. Sé que no cumplo tus exigencias, mas no temo tu desprecio. Sé que algún día partirás, sólo temo que no te despidas.
Exigencias incumplidas. ¿No soy lo que esperabas?







Café amargo

4 de abril de 2010


Tus ojos ya no pueden mentirme. Son como tazas de café entre mis manos. Café un tanto amargo, debo decirlo. Parecido más bien a a los restos del buen café. Pues eso eres, o en eso te has convertido. Una vez explotados tus encantos, ya no mereces mi atención.
Es una pena que te desgastes tan rápido. Una mujer bella como tú, merece alguien como yo. Pero no me mereces.
Tus ojos son como el café de la mañana, que despierta, que alerta, que encausa los sentidos hacia un nuevo día, y tu piel, la leche que lo suaviza. Pero el café cansa, así como tus besos y tu voz, el cuerpo se vuelve tolerante y ya no te excita lo mismo que antes.
Tú eres como el café, ya no tienes los mismos efectos de otrora.
Quizás algún día cambies. No sé, tal vez un nuevo sabor, o más espuma.
Por mientras eres, y no serás más que un resto de café amargo en mis labios resecos.