Función Interrumpida

16 de febrero de 2010

Hace meses que él no visitaba el cine. Siempre había algo, algo más importante, o más importante en apariencia, que postergaba sus visitas al cine. Pero esa tarde nada ni nadie podría impedir que disfrutara de aquella exhibición de cultura visual.

La sala estaba desierta, sólo un par de parejas de oscuras intenciones y no mucha cara de interés por el film.

El aire acondicionado le venía de maravilla, el sol ardiente aún le quemaba la piel.

Se oscureció la sala, y un fuerte sonido lo sacó de sus cavilaciones. Un sorbo de refresco. Un par de palomitas dulces a la boca. Miró a su compañero de asiento, se inclinó sobre el costado

- Espero que sea buena.

- El otro día, vi ese comercial. Ya sé cual viene ahora…

Suspenso. El raudal de imágenes no se detenía, luces, sombras, voces, gritos. Una trama interesante. Murmullos. Murmullos en una sala de cine. Murmullos a su espalda en una sala de cine. Murmullos justamente a sus espaldas en una sala de cine. Murmullos justamente en una sala de cine luego de esperar meses por entrar a una. I n t o l e r a b l e. Intentó no prestar atención, pero los susurros no se detenían. La madeja soltaba sus nudos en pantalla, pero las carcajadas a su espalda resonaban con fuerza dentro de su cabeza. Un aullido, una risa. Un disparo, murmullos. ¿Un avispero se había anidado a sus espaldas, o había gente que no comprendía que otras personas querían disfrutar de la proyección? Susurros, susurros, carcajadas reprimidas, risotadas, murmullos, zumbido de abejas, seres irrespetuosos incapaces de apreciar el arte de las imágenes en movimiento.

La dulzura de las flores de maíz no suavizaba su malestar. No podía concentrarse, no podía hacer nada para acallar esas voces que brotaban tras su espalda.

No soportó un segundo más. Iracundo se levantó, su compañero atónito no reaccionó mientras lo veía alejarse a largas zancadas.

La última escena que divisó fue un hombre atado a una silla en medio de una sala, similar a un anfiteatro, rodeado de hombres de traje oscuro y grisáceo mostacho, la luna plena y argentada abriéndose paso entre las sombras noctámbulas, mientras el hombre del centro convulsionaba mientras comenzaba a denotar los primeros síntomas de su licantropía..

Lo último que escuchó:

- Caballero, oiga, caballero, lo van a matar… Oiga caballero, hay un hombre lobo detrás de usted… caballero, dese vuelta... caballero…

Los murmullos nunca cesarían. Mejor esperar la próxima función.







Culpables

7 de febrero de 2010

Ya no llevo la cuenta, habría de ser una pérdida de tiempo enorme el contar cada uno de nuestros errores. Tú me acusas de no esforzarme, yo te culpo por no cooperar. Son tantos los dardos que nos lanzamos mutuamente que ninguno se esfuerza ya por protegerse, y ninguno coopera en busca de la paz.
No hay paz, sólo frágiles treguas entre dos desconocidos que se conocen desde hace años.
Irónica es esta vida, un día creí conocerte tanto, hoy comprendo que sólo amé una gota de agua en el mar de tus engaños. No te culpo, jamás terminamos de conocer a las personas, incluidas aquellas que amamos. No me culpes, una mujer jamás debe perder su misterio.
O quizás nos conocimos demasiado... Quizás nos agotamos el uno del otro, la rutina nos consumió, e inmersos en nuestro egoísmo no supimos ayudarnos mutuamente. O quizás nos amamos demasiado, y la llama se consumió presurosa dejándonos a ciegas en nuestro cuarto sin ventanas.
Si pudiera retroceder el tiempo, lo detendría hace mucho. Si fuera la reina de este juego me desplazaría de otra forma por el tablero de nuestro pasado; pero sólo fui un peón que avanzó, y avanzó a tu a lado, olvidando que el mundo está lleno de otras piezas. No te culpo, insisto, fuimos débiles, fuimos crueles, fuimos egoístas. Te quise para mí, y te obtuve; me quisiste para ti, y aún me tienes; olvidamos que el vapor no se puede encerrar por mucho tiempo, porque tarde o temprano se condensará y ya no será vapor si no agua, olvidamos que el alma sigue siendo libre a pesar de las cadenas con que intentemos de apresarlo.
No te culpo, ninguno se detuvo a tiempo, corrimos hacia el acantilado envueltos en la pasión y saltamos al vacío. Nos adentramos en un laberinto imposible de atravesar ilesos, y fuimos dañados en el camino.
Nos herimos el uno al otro, pero no te culpo, no puedes saber que pasa por mi cabeza, no puedes conocer mis temores sin que yo te los demuestre, no puedes conocer mis vicios sin que te reconozca mis pecados. Espero no me culpes tú tampoco, porque no puedo ver más allá de de lo que tú me dejes ver. Pues si pudiera ver a través de tus ojos, no serían mías estas palabras.


Temores

4 de febrero de 2010

A mi hermano perdido...
Me aferro a tus brazos de tragacanto, mientras tú te pierdes en las sombras. Quiero apartarlas, y serenar las aguas de tus ojos, quiero llenar de dicha tu rostro, quiero refljarme en tu valle de ensueño.
Te esucho en silencio, como quien teme romper el sacro silencio. Suspiro despacio, como quien teme despertar al compañero.
Y temo por ti, por tus palabras, por tus acciones. Temo que esa sombra posada en tu amplia frente te consuma como la noche a los solitarios caminantes. Temo que esa sombra te hago suyo, y esa pena inmensa nos consuma en su tórrida pesadilla .
Temo que bajes la cabeza, y no quieras mirar más al cielo, y no quieras oírme, y no quieras besarme, y no quieras sentir más mi corazón cansado, y te quedes quieto, y te vuelvas calmo, y no haya placer capaz de complacerte.
Y la sombra te consume, como la noche al cuervo solitario. Y yo entre tus brazos, temo por los dos. Temo que esa pena te quite el aliento, te cierrre los ojos, te vacíe las venas... Y yo me quede asida a un frío recuerdo, de lo que fuiste antes de conocer aquella voraz pena.

Ciego

2 de febrero de 2010

No quiere sufrir,
no quiere sentir.
Se sienta y espera.
Se sienta y observa.
Tiene los ojos vendados,
y entre sombras se pregunta
¿por qué no han tocado mi puerta,
por qué la primavera aún no ha llegado?