Sólo te pido...

19 de marzo de 2012

Te abriré la puerta, pero no pidas entrar. Es difícil regresar sobre los pasos  que atrás dejamos hace tanto tiempo.
Un día pregunté por ti, y sólo entonces recordé que yo te había apartado. Caminos apartados. Caminos cruzados. Eran esos días sin vino ni rosas, pero en que todos soñamos  con que así serían; éramos libres, más libres que ahora porque sólo teníamos un número en la frente, no la burocracia sobre nuestra espalda. ¿Recuerdas ese día? Yo nunca lo olvido, y no es un cliché, ni lo digo por querer adularte o hacerte creer que aún pienso en ti, después de tanto tiempo. Como pasa el tiempo... me pones nostálgica, de que no sé. Pero algo extraño. De ti, de mí, de todo, de todos. Es como si algo nos hubiera quedado pendiente.
Yo sé que no jugué limpio, temía perder. Conocías mis cartas, yo nunca te había visto jugar. Llevabas la ventaja y no supiste ganar.

Si abro la puerta, y te dejo entrar, no será para revivir algo que nunca tuvo aliento. Claro queda que tú y yo desconocidos somos y desconocidos seremos; aunque de luna en luna juguemos a ser amigos, a conocernos un poco, a dirigirnos la palabra.
Yo no sé a qué vienes, ni que oscuros motivos guarda tu alma. Sólo te pido que no preguntes que hubiera sido de nosotros si...

Espera Matutina

6 de marzo de 2012

Cerceno minutos
escucho el rocío,
espero el milagro
del día venidero.

Pálidas auroras
languidecen por la mañana
yo espero
que este día
no sea para el recuerdo
no sea de nostalgia
no sea añoranza
Deshojo las horas
con dedos exangües
ateridos de ansias
entumecidos de bríos
inmersos en mares
de tejidos deseos
de que hoy sea un día
en que tenga
lo que espero.
Un día temí tanto decepcionar al prójimo que dejé de amarlo.
Quizás fue la mejor decisión, quizás sólo me tiñó de amargura y nada más; pero desde entonces tomo la pluma con menos ocasión. Y es que eran las palabras las que llevaban mis disculpas, mis temores, mis amores; ahora ya vivo libre de toda desilusión.
La tinta ya no es azul, ni negra, ni roja, ni verde. Es gris, ambigua, ondulada, como las olas y las palabras al viento.
Y es que ya no trato de llenar vacíos, y más me esmero en construir abismos y levantar montañas.

En verdad no, sólo es que ahora me dedico a ver televisión, y eso me seca el cerebro.