Sueña

27 de octubre de 2009

Una noche soñé que todos huían de mí, que todos mis sueños se evanecían como el licor que corre por tus venas. Entonces me di cuenta que era un estupidez, pues yo no tenía sueños.

De niña deseaba cosas, cosas que se perdían en los rincones de los espejos rotos. Nunca encontré un motivo para prestarles mayor atención, así como nacían en mi mente, desaparecían en las efímeras apariencias del día. No tenía motivos tampoco para seguirlos tampoco, mis padres siempre me decían que yo podría hacer todo lo que quisiera, entonces, ¿para qué soñar lo que sería de todos modos?

Y así crecí, o pretendí crecer. Creyendo que todo era posible, que bastaba extender mi mano y alcanzar lo que añoraba. Pero no deseaba nada, inapetente de metas y afectos, mi corazón se fue helando.

El invierno se asentó en mí.

Y luego vino la primavera. Y creí hallar mi sino. Y mi corazón volvió a latir.

Con el tiempo comprendí que era cierto: podía hacer lo que deseara, el problema surgió cuando se me negó lo que más añoraba. Y ya no quise soñar más.

Y si ahora me preguntas por mis sueños, respondo inmutable que yo no sueño, sólo tengo metas. Pero miento. Pocas metas tengo, y sí tengo sueños, sólo que los escondo en lo más profundo de mi alma, para que nunca más me sean negados.





Lo Inefable

26 de octubre de 2009

Yo muero extrañamente…No me mata la Vida,
no me mata la Muerte, no me mata el Amor;
muero de un pensamiento mudo como una herida…
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor

de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?…

Cumbre de los Martirios!… Llevar eternamente,
desgarradora y árida, la trágica simiente
clavada en las entrañas como un diente feroz!…

Pero arrancarla un día en una flor que abriera
milagrosa, inviolable!… Ah, más grande no fuera
tener entre las manos la cabeza de Dios!


Por Delmira Agustini

Nuevo día

18 de octubre de 2009

Aquella mañana abrió los ojos pensando “me queda un día más”. Se levantó con todas las ilusiones de disfrutar al máximo la oportunidad de ver el sol nuevamente.
Pero al salir todo estaba oscuro.
El sol se había consumido entre negras nubes. Así como las almas de los hombres se consumen en el egoísmo y la ambición, pecados de los cuales ella estaba limpia.
Ella era la única que podía aún podía observar en qué habían convertido su cálido mundo.

Tu maleficio

13 de octubre de 2009

El cielo se iluminará esta noche por ti. Y hasta la luna envidiará tu existencia.

Yo te envidio, a veces. Cuando observo la libertad que rige tu vida. Nada de trabas, sin cadenas. Exhalas libertad, yo exhalo agonía.

Hay momentos en que te siento tan distante, como si vinieras de tierras lejanas, desconocidas incluso por la mente más elevada. Como si vinieras de otra época… Mi extemporáneo. Mi adorado extemporáneo. ¿Eres un hechicero acaso? Que has obcecado mis sentidos, y sólo veo tu figura danzar entre los astros, y en mis sueños te apareces y te sumerges en mi pecho.

Aún me pregunto qué me atrajo a ti. Quizás me lo pregunte por siempre. Siempre. Más preguntas que respuestas; y tú, esquivo, nunca quieres poner fin a mis dudas. Una vez leí que el secreto de para aburrir a los demás, era contar todo. Pero yo quiero saber todo de ti. Aunque escosa. Aunque abrase. Aunque desintegre mis ilusiones, siempre he de preferir la honestidad y la verdad, tu verdad.

Porque tu verdad ahora es parte de mi ser. Y junto a ti quiero caminar… quiero tomar tu mano, quiero unir a ti mi cuerpo. Quiero despertar cada mañana a tu lado.

Es extraño. Una vez me prometí no confiar en la gente, siempre lo hago. Siempre he terminado arrepentida de fallarme. Y nunca había roto una promesa con tanta facilidad, como cuando me perdí en tu mirada aquella noche y bebí la ambrosía de tus labios llenos.

Espero no rompas las tuyas.

Y si lo haces, nuevamente me prometeré no confiar en los demás.




Hijos Argentados

7 de octubre de 2009

La luna, que es el capricho mismo, se asomó por la ventana mientras dormías en la cuna, y se dijo "Esa criatura me agrada". Baudelaire

Mil noches podrían pasar antes de volver a distinguir la sombra de aquella dama en mi mente. Ah, maldigo aquella noche clara, en que la luna me hizo su hija. Un infierno de plata hizo mi vida, un argentado martirio.
Los caminos torcidos se enderezaron y los rectos se torcieron, como si mi mente fuera invadida por los diablos azules. Las noches eran eternas al compás de su luz, y los días azarosos sin su divina presencia.
Recuerdo la primera vez que leí a Baudelaire. Mil noches antes de que la dama se apoyara sobre mi hombro. Y sus sombríos pensamientos llenaron de ensueños mi ilusa mente. Ilusa. Ilusa. Cada día menos ilusa.
Menos ilusa claro, pues ya poco queda por sorprenderme. ¿Algún día podré volver atrás y recuperar lo perdido? Maldita inocencia que se evanece como el rocío por la mañana. Antes de comenzar a apreciarlo, ya no puedes gozar de sus bendiciones. Y fue aquella noche, clara y argentada, en la que su luz arrebató mi inocencia. Y no sólo eso, sino que marcó mi frente con su hado siniestro, y con su umbría figura envolvió mi cuerpo.
Ay la luna. La pobre hermana menor de las estrellas. La soledad la abruma y envidia a los mortales, y aquellos que osan cruza el umbral de la cordura, aquella delgada línea entre lo real y lo inconexo, aquellos bendecidos por la vida… han de ser convertidos en sus hijos.
Desdichados hijos, desdichada madre.
Y si bien la madre sólo puede girar alrededor de otro cuerpo, y sus hijos han de estar atados a su propio cuerpo, sólo ellos han de ser libres de tocar el cielo.

Otros

5 de octubre de 2009


Hay días en que me sorprende lo que puedo llegar a hacer, sin siquiera planearlo, tan sólo con desearlo. Es que hay días en que me siento capaz de todo, y al otro día pusilánime.

Y esa maldita sensación de inseguridad y desconfianza, como si todos pretendieran algo de mí, para conmigo, como si fuera el centro del mundo.

Pero en el fondo sé que no paso de ser una simple hormiga, que vive su rutinaria vida entre los muros de cemento; que estoy condenada a seguir un camino predeterminado por otros, que fijaron a su arbitrio porque consideraron el mejor. Crecer por otros, estudiar por otros, respirar por otros, amar por otros. Y por otros también morir.

Como si de ellos dependiera también mi felicidad.


Lust

2 de octubre de 2009

Hierve la sangre en lo profundo.
Late el corazón fuera del pecho.
Lucha la mente por despejarse
Y al deleite del momento entregarse.
Cadencia de susurros,
Sinfonía de gemidos,
Aúlicos lamentos,
Infinita melodía.
Ah, placer insoldable
Que busca vital elemento
Y usa su roja magia
Para unir nuestro ensueño,
Para unirnos como amantes.